Donde hay amor, hay visión (Ubi amor, ibi oculus) - Ricardo de San Víctor



buscador n√ļmeros anteriores
po√©tica Espa√Īa e Hispanoam√©rica
Antología - Esmirna
Encuentros del curso 2007-2008
Comparte esta pŠgina de IbiOculus




Palabras de presentación

√ćndice de las tertulias po√©ticas del grupo Esmirna (2007-2008)

Antología 2007-2008

Pedro Antonio Urbina
Vicente Cristóbal
Juan Meseguer Velasco
Alejandro Martín Navarro
Pablo Luque Pinilla
Luis Ruiz del √Ārbol Moro
Amalia Bautista

 

Palabras de presentación
Por Pablo Luque Pinilla

Durante el curso 2007-2008 un grupo de amigos poetas y escritores nos reunimos peri√≥dicamente en el estudio del escritor Pedro Antonio Urbina para celebrar una serie de encuentros po√©ticos en los que alternamos la lectura de nuestros textos con el acercamiento a la obra de un poeta o artista invitado.

La idea de fundar la tertulia, que denominamos alg√ļn tiempo despu√©s Esmirna, surgi√≥ del propio Pedro Antonio. As√≠, en el  verano de 2007, habiendo dado por concluido su largo ciclo de tertulias de cine, nos propuso al poeta Juan Meseguer Velasco y a m√≠ reunirnos para formar una tertulia de poes√≠a.

Aunque la propuesta no estaba exenta de dificultades, en seguida decidimos suscribirla. Entendimos que √©sta pod√≠a ser una oportunidad para arriesgar juntos nuestra pasi√≥n por la poes√≠a, lo que significaba hacerlo sobre una parte fundamental de nuestras vidas. De hecho, para nosotros, como para el poeta ruso Ivanov, la poes√≠a nace de la vida, y, por tanto, del artista que experimenta hondamente sus preguntas y encrucijadas. En este sentido, la tertulia nos pareci√≥ una gran ocasi√≥n para erigir un lugar en el que fuera posible compartir esta inquietud, y comprobar c√≥mo desde esta perspectiva el horizonte creativo propio crece y se ensancha. Suscrib√≠amos, en cierto modo, el pensamiento del pintor de origen esloveno Marko I. Rupnik cuando explica que un artista que est√© bien adentrado en el gusto por el lenguaje del arte desarrollado con plena contemporaneidad, ser√° capaz de crear un arte fuerte en el que vibra la vida que surge en un contexto de relaciones humanas verdaderas.

El d√≠a 31 de julio de 2008 falleci√≥ Pedro Antonio Urbina tras una enfermedad que le mantuvo hospitalizado m√°s de tres meses, y que comenz√≥ a manifestarse con mayor virulencia durante la preparaci√≥n y posterior celebraci√≥n del pen√ļltimo encuentro del curso.

Con esta antolog√≠a nos gustar√≠a rendir homenaje al que fue nuestro mentor en esta andadura, y que probablemente permanece siendo su principal valedor.

En este sentido, nos parece oportuno invitaros a leer algunos de los muchos textos que se han publicado a prop√≥sito de la enfermedad y muerte de Pedro Antonio Urbina, como el que a continuaci√≥n enlazamos, surgido en una publicaci√≥n de car√°cter po√©tico: Pedro Anotonio Urbina, Varios autores, Poes√≠a Digital, Octubre de 2008

En la actualidad, Esmirna contin√ļa celabrando sus encuentros po√©ticos en el emblem√°tico Pub Joyce de Madrid, por lo que si tienes inter√©s te animamos a que te pongas en contacto con nosotros.

Puedes ver todos los detalles de nuestros encuentros en http://esmirna-poesia.blogspot.com/
 






√ćndice de las tertulias po√©ticas del grupo Esmirna (2007-2008)

2007:

20 de octubre: Vicente Cristóbal

2008:

 25 de enero: Trabajamos sobre nuestros textos.
 29 de febrero: Alejandro Mart√≠n Navarro.
 28 de marzo: Luis Ruiz del √Ārbol.
 11 de abril: Amalia Bautista.
 23 de mayo: Trabajamos sobre nuestros textos. 





 Antolog√≠a 2007-2008

 

Pedro Antonio Urbina




 

Pedro Antonio Urbina naci√≥ en Llucmajor (Mallorca) en 1936 y falleci√≥ en Madrid en 2008. Se licenci√≥ en Filosof√≠a y Letras, y obtuvo el grado de doctor en Filosof√≠a y en Derecho. Su extensa producci√≥n narrativa le proporcion√≥ un considerable n√ļmero de lectores. Para √©sta se serv√≠a de t√©cnicas realistas y experimentales, el an√°lisis cr√≠tico de la realidad y el reflejo de las frustraciones, soledad y desvalimiento del ser humano desde donde se abr√≠an paso con frecuencia las reflexiones trascendentes y las propuestas sociales ut√≥picas. Tambi√©n es reconocida la calidad de sus ensayos filos√≥ficos, entre los que se encuentra Filocal√≠a o amor a la belleza ( 1988),  y de su poes√≠a. √Čsta √ļltima se encuentra publicada en los vol√ļmenes: Mientras yo viva (1976), Los doce cantos (1979), Estaciones cotidianas (1984), Hojas de calendario  (1988), La rama (1988), Las edades como un dardo (1993), Alg√ļn interminable m√©rito (1998) e Incesante clamor (2002). La obra de Pedro Antonio Urbina se halla recogida y comentada en libros de historia de la literatura espa√Īola. Numerosos son tambi√©n los trabajos doctorales y de tesis sobre este autor, y los comentarios de prestigiosos cr√≠ticos y escritores como Guillermo D√≠az Plaja, Vintila Horia, Rafael Conte, Criado del Val, D√°maso Santos y Rosa Chacel, entre otros.

 

 
Me parece que no tengo Poética alguna y, menos, preceptiva literaria ni nada semejante. Me parece que mi poesía no está sólo en los versos sino también en la narrativa que he escrito y publicado, en muchos pasajes al menos.

[…]

Decir en el hoy siempre lleva consigo decir al modo de hoy, de alguna manera, si de verdad se ama y se conoce ese paisaje, el urbano y el otro, las cosas que suceden ‚Äďy te ocupan y preocupan‚Äď, y sus gentes, una a una amada, con o sin esfuerzo...; pienso, digo, que al escribir todo eso y de todo eso ya lo hago en el hoy y al modo de hoy.

[…]

As√≠ que amar es la condici√≥n previa y constante del escribir. Con eso ‚Äďy es consecuencia‚Äď, la unidad interior lleva o permite conseguir la unidad en lo escrito. Tambi√©n, y al mismo tiempo, claro, conocer unitariamente eso de lo que se escribe. Es decir, ver cada realidad en la armon√≠a de totalidad; por ejemplo: ver al hombre como criatura. Una de mis escritoras favoritas ‚Äďuna de mis maestras‚Äď es Isak Dinesen; y ella habla expresamente de esa perspectiva que permite conocer la realidad unitariamente, sin hojarasca, sin malos subjetivismos; ella dice ‚Äďme parece que en Sombras de hierba‚Äď que su lejan√≠a de Kenia, una vez vivido aquello, el reposo, la serenidad, la distancia an√≠mica le hizo posible escribir sub especie aetemis ‚Äďlo escribe as√≠‚Äď: Puede parecer tremendo ese escribir desde la perspectiva de lo eterno. Quiz√° suene filos√≥ficamente a algo parecido a las tesis de Baruc Spinoza. No. Se trata de ese estado y estadio en el que y desde el que pueden verse y conocerse cosas y personas con comprensi√≥n, sin odios ni rencillas bobas, con piedad, humildemente, es decir, con amor.

 En la obra de arte una es donde habita la belleza.

 A su vez es consecuencia de todo eso que ese ver y ese conocer ‚Äďy por tanto el escribir‚Äď  est√©n en las ant√≠podas de la banalidad. Me parece que hoy hay muchos escritores banales, groseros, zafios, superficiales, dispersos‚Ķ En algunos se guardan las formas, y el cuidado de la forma casi se convierte en un dios. Una preciosa c√°scara. Y cuando no se da esa liturgia de las formas, lo que se dan son libros banales.

[…]

 ¬ŅM√°s cosas sobre mi Po√©tica, si es que se puede llamar as√≠? La sinceridad. La sinceridad es condici√≥n previa de la verdad. Quiz√° resulte innecesario decir que no me refiero a la verdad conseguida discursiva o racionalmente  y luego incrustada en el poema o en el escrito que sea. No. Me refiero a la disposici√≥n an√≠mica constitutiva del quehacer art√≠stico. No s√© bien el sentido exacto que dio Antonio Machado a ese famoso unas pocas palabras verdaderas. Pero s√© que si las palabras lo son, son verdaderas. Y una palabra tan sublime como es la po√©tica no puede no ser verdadera. Y esta verdad parte de su fuente: de la verdad interior.

[…]

As√≠, todo lo anteriormente dicho lleva a la libertad de escribir: para escribir como persona hay que ser libre. Nada es m√°s ajeno a la libertad del escritor o poeta que la esclavitud de la moda [‚Ķ] Lo que pida la mayor√≠a nunca puede ser directriz o est√≠mulo al poeta. La masa como tal es una realidad dispersa, disgregada, una suma de individuos cuyo resultado no es persona. El poeta tiene que ser tan hondamente amigo del hombre que sea el castigador del individuo para convertido en persona.  Que le haga comer lo que no gusta... ‚Äďcomo aconsejaba el poeta Juan de la Cruz‚Äď para ir y llegar a lo que es gustoso. Ir por donde no sabe para llegar a lo sabroso... La oscuridad de la noche para llegar a la felicidad del alba.

As√≠ se muera, as√≠ no llegue, as√≠ reviente... Estas esforzadas palabras son de otra grandiosa escritora: Teresa de Jes√ļs.

Estas ideas [‚Ķ] las he visto, y a veces le√≠do, en grandes escritores amigos con quienes simpatizo en el alma: Eugene O‚ÄôNeill,  Katlherine Mansfield, Valle Incl√°n‚Ķ y tantos otros.

He visto confirmadas mis convicciones en ellos, mi experiencia personal la he visto reflejada en sus obras de valor universal, en el espacio y en el tiempo, para la más alta utilidad del hombre. Y eso pretendo, aunque mi pretensión se quede en deseo, y mis libros se desmenucen como ceniza en la región del olvido, como dice el rey poeta David.

Extracto de las ‚ÄúNotas del autor‚ÄĚ a su poemario Alg√ļn interminable m√©rito (1998)


 


 

 

 Dibujos interiores y de portada de Tom√°s Fern√°ndez del Pino (1978)


 

AP√ďLOGO

           Ap√≥logo hist√≥rico e inmoral a modo de colof√≥n, sin serlo, sino m√°s bien corolario indemostrado anteriormente, pero posteriormente epilogo que no compendia nada... pues, si algo dije..., siempre quedar√° abierto, joh!, ¬°abierto! Amad las ventanas, os lo recomiendo. Y dice as√≠ esta epimone epin√≠cica, aunque melanc√≥lica, pues la vida es epit√°fica, y la misma aurora: se corona de ‚Äďoh paradoja‚Äď acimut, y, aunque nadie lo vea, hay un c√©nit de oro en la azul violeta, por morada, por violeta...

                                                                                                             Dice as√≠:

                                                                                                                            Esta tarde, que, como todas, ha sido eterna, me he subido y he visto, desde dentro y desde fuera, desde lo alto y en la entra√Īa... me he visto dentro y cubierto. ¬°C√≥mo decirlo! A los lados, en flanco, los troncos de su fortaleza y negros; y, a cubierto, la ternura de oto√Īo, que es verde y amarilla, y el sol lejos. La m√°s s√°bana, la encimera, es azul de tan hueca, pero muy dentro, m√°s adentro que el vientre, m√°s que el gotear de la sangre en las venas, las notas .huecas de un p√°lpito en ocho o en seis tiempos, que miden un siete de quietud; bajo los pies ‚Äďotro cubierto‚Äď, el agua soterrada, que fluye en el buen silencio, la otra quietud, que dicen viva, la de verdad eterna; y lagrimea el iris, c√°lido como un beso tan tierno...; lisas las piedras combas, duras, cresp√≥n cristal, puntas de estrella.. Lo dije: fuera y dentro. No lo supe decir: es que es lo eterno.

(de Los doce cantos, 1978)


Eran olivos fieles.
Al borde del camino
ven pasar caravanas, vientos, gentes
perdidas; ellos
sufren y callan.
Cuando es el tiempo,
los olivos sonríen en olivas sabrosas, hilos
de aceite suave,
y, a la luz de su muerte,
callan, siempre callan.


(de Estaciones Cotidianas, 1984)


 La ceniza en la frente
cayó
y llevada del viento
voló .
por entre las violetas
que empiezan a nacer,
por las delgadas ramas
que resucita el sauce.

Muerte por las violetas,
y entre los sauces,
muerte.

La vida se ha quedado
quieta:
con lentitud solemne
surge de nuevo,
avanza, grave,
como quien va a morir.

(de La rama, 1988)

 

 


 

DESCONOCIDO ALGUIEN:          
 
           No eres mi amigo. A mi amigo no hace falta que le escriba cartas (adem√°s, lee todas las otras...). No eres mi amigo porque no estoy seguro de que √©l est√© aqu√≠, o yo con √©l. En esta soledad no s√© si estoy verdaderamente solo.
           As√≠ que no s√© a quien escribo, no s√© a qui√©n dirijo mi queja. No s√© si me escucha.
           Tampoco estoy convencido de que merezca la pena escribir esta carta; lo hago para disipar un poco esta soledad. Esta soledad parece alguien. Alguien malvado. Parece alguien, porque si es algo..., si es algo estoy loco.
           No puedo respirar bien, no tengo fuerza, me cuesta hasta abrir los ojos. Hay algo dentro del pecho, desde el coraz√≥n hasta casi la garganta, y por eso ni la voz me sale firme. Y un casquete en la cabeza, justo hasta encima de los ojos, y justo bajo la nuca.
           Quiz√° a este algo escribo la carta.
           Hay alguien dentro de ese algo que como un l√≠quido denso anega el interior del pecho; el coraz√≥n se ahoga.
           Pero no se ve, y todos a mi alrededor pasan sin advertir esta muerte, la angustia del agua estancada, que ahoga.
           No lo ven y no lo s√© gritar; ni lo s√© escribir porque, ¬Ņa qui√©n escribo?
           Pero a√ļn sigo en pie.

(de Hojas y sombras, 1990)




 

Si se abre el aire y rompe
los lagos a√ļn dormidos...;
si puesta en pie la inmensa maravilla de los √°rboles...;

si el ave descubierta mira primero el brillo
de sus plumas al viento...,
no es traición que sostenga
mis pies cada día, por mirarte,
sobre la tierra.

Cuando los lagos y sus aguas
ya nunca duerman en tinieblas,
cuando los √°rboles beban de las nubes,
cuando el ave se mire en ti
los colores de sus plumas, entonces,
a sol abierto,
no apoyar√°n mis pies sobre la tierra:
porque mirarte será la raíz.

(de Las edades como un dardo, 1993)


Desgranad despacio
las casas rojas de la granada;
con manos blancas
echad fuera la tela de amargura;
vidas de sangre, enjambre
liberado.


(de Las edades como un dardo, 1993)
 (Juan de la Cruz)


Dolencia de amor.
Me duele tu presencia tan ausente,
me duele tu recuerdo.
Tengo ceguera de no verte.
Dolencia de amor es lo que deja en mí
esta tu rara ausencia tan presente.


(de Las edades como un dardo, 1993)

 



√ĀNGELES

(A Jerónimo Padilla)

Entró en la sala
de estar cuando no estaban, y eran otros
‚Äďinvisibles y ciertos como ausencias‚Äď
los viejos habitantes

Bajaron invisibles en la lluvia
los viejos habitantes:
estaban en el musgo,
estaban en las tejas, en el brillo
irisado de una gota de agua,
en el silencio denso, en el frío sereno
de la tarde de lluvia

Llegaron a la plaza los viejos habitantes,
llegaron a la tarde, la víspera de fiesta,
y se estaban allí
‚Äďinvisibles y ciertos como ausencias‚Äď
escuchando la m√ļsica que la banda ensayaba,
las viejas partituras

Con el eco se fueron los viejos habitantes,
se fueron con el eco de aquella tarde quieta,
invisibles y ciertos como ausencias.


                                   (de Alg√ļn interminable m√©rito, 1998)

Se resiste a morir la flor de la mostaza.
Cada a√Īo asoma, menuda, sonriente.


En los campos, qué hermosa,
papelitos blancos, pu√Īados amarillos.


En el jardín, donde crece medido
el boj, y se cultivan
las petunias, begonias y anémonas,
no cabe.
Se resiste a morir,
cada a√Īo promete no volver, pero 
                                                   [nos miente.

‚ÄďNo salgas m√°s de nuevo, terca mostaza,
a este jardín cercado.

Te arranco, y te lanzo a la muerte,
a los campos so√Īados y libres,
abiertos, vivientes...


(de Alg√ļn interminable m√©rito, 1998)







Vicente Cristóbal (20 de octubre, 2007)


 


Vicente Crist√≥bal (1953) es Profesor de Filolog√≠a Latina en la Universidad Complutense desde 1975, Catedr√°tico de la misma disciplina y en la misma Universidad desde 1999. Investigador sobre literatura latina, mitolog√≠a cl√°sica y pervivencia de autores cl√°sicos en la literatura espa√Īola, es tambi√©n traductor de  los principales poetas de Roma (Catulo,Virgilio, Horacio y Ovidio). Ha acometido adem√°s, en algunos casos, la empresa de trasladar la poes√≠a antigua al castellano en sus propios ritmos. Como creador ha publicado el libro Silva mitol√≥gica (Madrid: Ediciones Cl√°sicas, 2007), que es una colecci√≥n de poemas sobre figuras del mito cl√°sico, alumbradas en su vivencia interior, en su dimensi√≥n humana e intemporal y en su paisaje.

 


El 20 de octubre vino a la tertulia Vicente Crist√≥bal ‚Äďlo acompa√Īaban Yolanda, su mujer, y sus amigos Bruno, Luc√≠a y Violeta Pel√°ez‚Äď. Vicente, Profesor de Lat√≠n en la Complutense ahora, fue en su √©poca de estudiante (sobre todo en los a√Īos 1974 a 1976) asiduo asistente a la tertulia literaria que ya entonces organizaba en su estudio Pedro Antonio Urbina. Nos ley√≥ y coment√≥ algunos poemas de su reciente libro Silva mitol√≥gica. Es √©ste su primer libro po√©tico publicado, aunque escribe poes√≠a ‚Äďnos dijo‚Äď desde su juventud; y adem√°s cuenta con una larga y fecunda experiencia como traductor ‚Äďen prosa y en verso‚Äď de los poetas antiguos.











ORFEO


Siete meses debajo de la piedra

tejiendo su caudal de pena y gloria.
Siete cuerdas hablaban.
Vagó luego a través de nieves solas.
En vano ya buscó
la sombra subterr√°nea, el polvo de humo.

Halló la luz cuando más ciego estaba.
Cantaba la tortuga.
Su voz hizo el milagro entre los tigres,
los bosques lo obedecen,
logró la sumisión de los insectos
y el silencio asombrado.

Noche y rama del nido, madre ausente,
p√°jaro fiel al canto lastimero,
flor de m√ļsica brota en cuello blanco,
olas del río, playas de una isla,
grito salvaje de mujeres ebrias,
m√ļsica a√ļn de tu garganta trunca,
√°lamo blanco en medio de la estepa,
mano ladrona, mano sanguinaria,
mano que roba el p√°jaro sin pluma,
m√°rmol nunca a tu voz.

Adiós, cabeza amante,
lengua que busca el cielo sin descanso,
espada contra el frío de la muerte.
Adiós entre las ondas que te llevan.


(de Silva Mitológica, 2007)

 
                    ARIADNA


Nada se pierde en este mar poblado
de velas a millares y delfines.
Nada es baldío ni falaz ni estéril.
Todo es huevo de un ave milenaria,
semilla de un albor resplandeciente
allá en el horizonte de los días.

Doy al mar la traición que me regalas
por haberte seguido con mis ojos,
por haberme olvidado locamente
de todo cuanto tuve antes que t√ļ
llegaras a la isla de los toros.
Después que te miré, se hizo la noche.

Allí queda mi casa centenaria,
el reino de mi padre, sus cien pueblos
y la dulce inocencia tan temida
de mi hermano con sienes monstruosas.
Allí, entre la tiniebla de los sótanos,
sus doce oto√Īos son sangre y silencio.

También yo me disuelvo en aguas tibias,
como nieve al ocaso del invierno,
recordando su frente tumefacta,
su mirada infinita, sin recelo
de la herida culpable, hermano mío,
a quien yo asesiné con mi locura.

Y esta locura, ya vuelta en razón,
con las alas del √°gil pensamiento
por fin a nuestra casa me devuelve.
Aquí, sobre la arena de esta playa,
voy a sembrar la pena, grano a grano,
de este mi amargo amor ya moribundo.

Nacer√° ‚Äďbien lo s√©‚Äď de tanta l√°grima
la voz ebria de luz y de alegría
que me rescate de una larga sombra.
Despertaré en el mundo de los vivos
coronada de estrellas diamantinas.
Porque nada se pierde en este mar
inmenso, de sonrisa inagotable.

(de Silva Mitológica, 2007)

FILOCTETES


Amo mi juventud libre y montana,
aquella juventud ya fenecida,
aquellas cacerías de las cumbres
y el aire de los dardos voladores.
A√Īoro de mi patria lo remoto,
aquel yo de otro tiempo que gozaba
con la charla y los juegos aldeanos,
con el rostro diario de los míos,
con mis fieles molosos y mi yegua.

Pero ahora que habito este desierto,
que mis huesos arrastro por las pe√Īas,
que de sue√Īo, de noche y de horizonte
alimento esta herida de mi planta,
esta raíz del grito inagotable,
ahora que me muero poco a poco,
aborrezco la raza de los hombres.
Pues he sabido de su doble rostro,
de sus bellas palabras ambiciosas,
de sus nobles ideas criminales,
de su amistad fingida y de su estiércol.

Estiércol yo, arrojado a estos escollos
por una sola culpa: infecta llaga
que carcome mi pie, llaga hedionda
que ofende sus dichosas asambleas
y es una mancha en el lozano ejército.
Mordedura de sierpe sorprendida.
Su nariz y su oído me condenan.
Mis ayes y el hedor que me circunda
me han hecho compa√Īero de las rocas.
Aprenden mi lamento las monta√Īas
y repiten la voz ya conocida.
En tal conversación quemo las horas
escuchando bramidos de las grutas,
ecos de mi dolor multiplicado.
Pues ni al sol ni a la luna me abandona
esta afilada podredumbre viva.
Su diente me transforma en alima√Īa,
aferrado a la vida sin razones,
víctima de la carne y el espíritu,
enfermo, despreciado y solitario.

Los barcos no se acercan a estas piedras.
He perdido la suma de mis días
en esta reclusión bajo los cielos.
He olvidado la humana compostura
y la palabra me es innecesaria.
Sólo el grito me sacia y me da bríos
para esperar un rumbo diferente,
so√Īar que alguien se duele de mi ausencia,
que mi mano es precisa para el mundo.

La costumbre, no obstante, hace muralla
contra el agrio veneno de los días.
Una hoguera de troncos me calienta,
mis flechas me dan carne de los p√°jaros,
una cueva me libra de la escarcha,
la brisa me acaricia algunas tardes
y en la playa me limpio la ponzo√Īa
de mi pie vulnerado. No estoy muerto,
y acaso alg√ļn nav√≠o se extrav√≠e,
se llegue a los eriales de esta isla
y me dé la salud y el rostro humano.

(de Silva Mitológica, 2007)

 

POLIDORO


Fui el menor de mis hermanos príncipes.

Mies de venablos me clavó en el suelo.
Raíces me atenazan. Soy arbusto.
Ruina es el oro, plaga de la mente.
Ahora, sabio ya, bien lo comprendo.
Perdí mi corazón en tierras frías,
muy lejos de mi padre, cuando apenas
he visto helarse el río doce veces.
Me sobra el pedagogo y las lecciones.
Ya todo lo aprendí desde esta orilla.
¡Cómo se ha equivocado mi verdugo!
Mi sangre hace brotar agudas varas,
y aquí florezco en paz. Ramas y fruto.
Quietud y lentamente ver el cielo
con mis oscuros ojos.


(de Silva Mitológica, 2007)

 


Un pez
se ha tragado tu corazón
y ahora ya no sonríes
ni buscas agua
ni tienes ojos de hogar distante
porque siempre duermes
en ese rincón brumoso
donde la luna no tiene importancia
y el pez no vuelve, no vuelve.


(Inédito)

 

MA√ĎANA DE JUNIO EN JARD√ćN GINEBRINO

 

No hay luminaria tan clara en ning√ļn horizonte. Torcaces

dan su rumor salpicado en las ramas del tilo m√°s alto. Y responden

mirlos ocultos y p√°jaros otros que beben el aire.

Conversación y silencio en igual proporción. Hacia el tiempo

m√°s ancestral y dorado. Los troncos enormes, la yedra, la gran esperanza, los a√Īos,

siglos pacientes. La sombra y el sol que alimentan

tantos reba√Īos de fronda madura. Y el canto perenne

del coraz√≥n que brot√≥ una ma√Īana de un c√°lido huevo

bajo el plumaje azulenco amoroso, a la luz de las hojas oscuras.


(Inédito)






Juan Meseguer Velasco




Juan Meseguer Velasco nace en Madrid, en 1981. Es licenciado en Derecho y Diploma de Estudios Avanzados en Sociolog√≠a. Ha recibido un acc√©sit del Pemio Adonais 2005, por su libro de poemas Bancos de arena. Tambi√©n es autor del libro de ensayo La familia que viene. Actualmente prepara su tesis doctoral sobre Karl Mannheim y trabaja en la agencia de noticias Aceprensa. Ha sido director de la revista literaria ‚ÄúTraza‚ÄĚ y del peri√≥dico universitario de investigaci√≥n ‚ÄúEnfoque‚ÄĚ.
 


 
Juan alternó la lectura de textos de su libro Bancos de Arena, publicado en Adonais en 2006, con los inéditos de su próxima obra en marcha. En sus poemas predomina un tono optimista, afirmativo, alguna vez irónico, que sabe descubrir en la existencia cotidiana la grandeza del ser humano. Con un lenguaje sencillo, emotivo, un gran sentido del ritmo y una expresión contenida, pura y directa, Meseguer se muestra como un poeta del corazón.






 
 
 
DE VITA POETICA
 
Y a lo mejor la vida
no es otra cosa que eso:
llegar de noche a casa
(los ni√Īos, los deberes,
los deberes, los ni√Īos),
sentarse en un sof√°,
prescindir de la tele,
y estar unos minutos
contemplando en tus ojos
la solución exacta
‚Äďel verso pertinente‚Äď
a todas mis preguntas.
 (de Bancos de Arena, 2006)


 
JUICIO INOCUO

 
            Como la ara√Īa,
            el hombre escoge a veces la tristeza:
            se esconde en un rinc√≥n
            oscuro de su alma y vive a tientas,
            urdiendo sus secretos,
            su peligrosa malla de rencores.
            All√≠ pasa las horas
            encerrado en su reino.
            All√≠ teje en silencio su desesperaci√≥n.
            Por su mente,
            desfilan encogidos los agravios.
            Los sienta en el banquillo,
            los mira bien de cerca y dicta
            la terrible sentencia:
            ofensa imperdonable.
            Acusador y juez se dan la mano.


(de Bancos de Arena, 2006)

 

 

BANCOS DE ARENA
           
Hemos fracasado
sobre los bancos de arena del racionalismo,
ha dicho con acierto Urs Von Balthasar.
Pero
no se detiene aquí el perspicaz teólogo,
y a√Īade:
demos un paso atr√°s y volvamos a tocar
la roca abrupta del misterio.

Los sentidos del mundo
entran en convulsión;
revientan en pedazos contra muros de piedra.
Mientras tanto,
los filósofos racionalistas se entretienen
en su meditación de estufa.
Hace frío.
                (La raz√≥n desconoce
alternativas dignas al misterio).

Afortunadamente el siglo XX
‚Äďexplica Ignacio Sols,
catedr√°tico de ciencias exactas‚Äď
fue, en parte, como una bocanada de aire fresco.
Convenía.
Desde hacía dos siglos,
el pensamiento estaba muy cargado.
Hab√≠a que volver ‚Äďa√Īade‚Äď
a la filosofía abierta al ser,
nacida
en las playas soleadas del Egeo.

Demos un paso atr√°s y volvamos a tocar
la arena de las playas del Egeo.
Devolvamos al ser su consistencia,
su carne de misterio.
Levantemos, como una sola torre,
nuevos bancos de arena.


(de Bancos de Arena, 2006)

 
NOTAS PARA UN ENTIERRO
         

Los sabidos cipreses estirados,
las palabras exactas y medidas,
la corona de flores, las guirnaldas,
y un silencio largísimo que dura
interminablemente por momentos.
El coche funerario que transporta
la mirada cargada de tristeza
de los allí presentes que son pocos.
Los picos y las palas. M√°s silencio.
Y un pu√Īado de amigos empe√Īados
en hacerle saber a la familia
su antigua relación con el difunto.
Con razón
                 nos asusta tanto la muerte.

(de Bancos de Arena, 2006)


TORRE DE BABEL

Levantaron, espléndida, una torre.

Querían construir un mundo

a la medida exacta de sus sue√Īos.

¡La soberanía de Yahvé está en peligro!

Se estremeció la tierra.

El grupo de los justos quedó sobrecogido.

Ahora ‚Äďse dijeron‚Äď

nos sacar√° los ojos uno a uno.

Hagamos penitencia por el pueblo.

Pero se equivocaron.

Esta vez no hubo represalias.

Esta vez no hubo más que un toque de atención.

Tanta altura

no le venía bien al hombre.

Terminaría devorándose a sí mismo.



(Inédito)









Alejandro Martín Navarro (29 de febrero, 2008)

 




Alejandro Mart√≠n Navarro naci√≥ en Sevilla el 24 de noviembre de 1978. Se licenci√≥ en Filosof√≠a por la Universidad Hispalense y, tras unos a√Īos en Viena como becario y traductor, se doctor√≥ con una tesis sobre Novalis y el romanticismo alem√°n, que le vali√≥ el Premio Extraordinario de Doctorado. Adem√°s, ha ganado los premios internacionales de poes√≠a Luis Cernuda y Miguel Hern√°ndez por los libros Vasos de barro y Aquel lugar. Autor de varias traducciones, as√≠ como de numerosas rese√Īas y art√≠culos en diferentes revistas, actualmente trabaja en Ciudad Real como profesor de secundaria y forma parte del Consejo Editorial de la revista de filosof√≠a Themata y de la revista N√ļmenor de literatura y pensamiento.


 


El 29 de febrero nos visit√≥ Alejandro Mart√≠n Navarro, que present√≥ su Aquel lugar, un poemario eleg√≠aco que escribi√≥ en su mayor parte durante su estancia en Austria, y que est√° lleno de gui√Īos y referencias al romanticismo alem√°n, especialmente en su concepci√≥n del tiempo como alejamiento del para√≠so y en el car√°cter teof√°nico que concede a la belleza est√©tica.



 
 


 
 
 
                                                  LA LIRA DE H√ĖLDERLIN

De qué me sirve haber vivido como un dios
si fue sólo una vez. De qué me sirve
saber que en un momento alcancé algo innombrable. Ahora vuelvo
por las calles gastadas por millones de pasos,
por sucias multitudes a través de los siglos.
Soy uno más. Recorreré esas calles
de la misma manera; como ellos
amaré a una mujer, y también frente a mí
estallar√°n las buganvilias cuando
llegue abril. Pasar√°n un par de cosas,
y nada más. Escribiré unos versos
que ya no tendr√°n luz, porque la luz fue tuya
solamente un instante.
                                    Aquello ser√° niebla,
desaparecer√°
como un amanecer sobre las olas
en el recuerdo de un anciano.
Se perder√° la luz. Te perder√°s.
Y serás desdichado, y no sabrás por qué.

(de Aquel lugar, 2006)
 

        
FELIX MENDELSSOHN ESCUCHA LA PASI√ďN

Un largo y tibio tono es la penumbra

en este silencioso
refugio de la luz en que me encuentro.
Igual que todo cuanto vive:
con esa misma mansedumbre
que reflejan los rostros de las cosas que amo al extinguirse.
Escucho a Bach y creo en sus palabras.
Creo en la oscuridad que le precede
como creo en mi mismo y en la vida.
¬ŅQui√©n asiste a esta larga y vasta ceremonia?
Creo en la soledad del hombre.
Ahora estoy aqu√≠, como esta m√ļsica
habita aquí también. Nos comprende y nos ama. Refleja
lo que quisimos ser sin conseguirlo.
Estas notas, la m√ļsica, de alg√ļn modo nos salvan
en una tierra nueva. Sentado y silencioso,
escucho a Bach como quien busca a Dios:
para saber quién soy, por vivir para siempre.

(de Aquel lugar, 2006)
 


LETAN√ćA Y CREDO

Qué lejos queda siempre todo.

Qué lejos las estrellas, sí, pero qué lejos
también las multitudes que pasan sin mirarme.
Son los que llamo hermanos.
Qué lejanos los ojos como mármoles negros
a la luz de una vela, y qué lejanas
son las manos de Cristo.
¬ŅQu√© nos queda despu√©s de tanta lluvia?
Un charco de verdades donde mojar la lengua
para alejarnos luego en la sequía.
Qué lejano el instante de ahora mismo,
luz y ceniza al mismo tiempo.
Pero t√ļ sonre√≠ste y me abrazaste
en la orilla de abril del Lago Blanco,
y algo de aquel abrazo alcanza todo
aunque todo lo lejos siga quedando lejos.
(de Aquel lugar, 2006)
 

EN TUS MANOS
 

Cuanto quise decirte ya lo dije.
Ya nada queda en m√≠ que t√ļ no sepas,
y de m√≠ t√ļ conoces cosas que ni imagino.
Sé que nunca podría
corregir con mis versos lo que erré con mis manos.
Ahora estamos lejos. Ahora la distancia
no se parece en nada a un verso en que se dice
la palabra distancia; la distancia
es ahora m√°s cierta que el cuerpo en el que habito,
m√°s verdad que estas calles
por las que vago igual que un gris remordimiento.
Todo esto, lo sé, ya lo has oído.
D√©jame que lo diga por vez √ļltima
como por vez primera:
mi salvación, mi gozo, sigue estando en tus manos.
(de Aquel lugar, 2006)


 
                                                  PRADERAS DE LA ESTIRIA

Praderas de la Estiria, verdes bosques de Graz,
quiero cantar el nombre de una antigua belleza.
Los erguidos pe√Īascos y su color de fuego,
las extensas praderas de gramíneas,
la detenida claridad del cielo
sobre los ojos vueltos de los hombres.
Yo estuve triste y abatido, es cierto.
Yo, que me imaginaba el mundo
como un vaso de barro sucio, seco, vacío.
Pero aquello fue antes,
antes de las extensas praderas de la Estiria,
antes de la hermosura
que ha sido dada al corazón del hombre,
una belleza tan desnuda y clara
que uno estar√° tentado siempre de llamarla Verdad,
como si fuera sólo
algo que ya sab√≠amos hace miles de a√Īos
cuando mirar las cosas era saberlo todo y redimirse.
Sé que la vida es esto, verde bosque de Estiria.
Pero yo estaba triste y abatido.
Por eso tuve que cantar tu nombre.

(de Aquel lugar, 2006)


 




Pablo Luque Pinilla

 

 
Pablo Luque Pinilla naci√≥ en Madrid en diciembre de 1971. Ha publicado el libro de poemas Los ojos de tu nombre (Huerga&Fierro, 2004) y el apunte antol√≥gico Il cambio della guardia generazionale nella poesia spagnola contemporanea (trad. Gloria Bazzocchi, ¬ęclanDestino¬Ľ, 2006) sobre los poetas de los ochenta, as√≠ como poes√≠a, art√≠culos y cr√≠tica en diversos medios. Fue incluido en la Red de Arte Joven de la Comunidad de Madrid, para la que ha celebrado recitales acompa√Īado por la obra de artistas del √°mbito de la m√ļsica y la fotograf√≠a. Recibi√≥ el Premio J√≥venes Creadores del Ayuntamiento de Madrid. Sus poemas han sido traducidos al italiano. Ha participado en el festival de poes√≠a Amobologna que organiza el Centro de Poes√≠a Contempor√°nea de la Universidad de Bolonia. Codirige la tertulia po√©tica Esmirna que fund√≥ junto a otros escritores. En la actualidad publica por entregas en la revista Web ¬ęFili d¬īaquilone¬Ľ la antolog√≠a Nuovi classici nella poesia spagnola contemporanea (trad. Gloria Bazzocchi) sobre los poetas de los setenta. 

 
 
 

Pablo ha tra√≠do algunos de sus  poemas de Los ojos de tu nombre. Un libro contemplativo con poemas escena de gran concentraci√≥n de im√°genes, donde la mirada persigue la identidad en la realidad cotidiana. Tambi√©n ha compartido con nosotros poemas in√©ditos pertenecientes a su nuevo proyecto a√ļn en proceso de escritura, algunos de los cuales han surgido de la colaboraci√≥n con Luis Ruiz del √Ārbol, invitado a la tertulia en el mes de marzo.

 



 
           
 


A-42


I

La blusa del día suspende láminas de polvo, y gotas circulando donde la atmósfera cubre el suelo. Lo que dura la secuencia del paisaje dura el cambio de marcha, y dobla el lomo del arcén si en el volante irrumpe un giro.

S√≥lo el instante muestra una se√Īal y bloques con pisos en cascada.

El camino es lento, y la mirada un h√°bito donde surgen coches y nubes de CO2retando al ojo. No hay pasos ni huellas que seguir, ni la clausura de la avenida donde se abastecen las horas en la trastienda de los deseos.

S√≥lo un oculto beso filtr√°ndose en las toberas de la calefacci√≥n, y la imagen de los retrovisores donde yace ingr√°vida la nostalgia que te adivina. 


II

La atmósfera no se repliega, pero pasa páginas dormidas, y acerca hojas de silencio donde se agita lo invisible.

Sólo un haz de imágenes proyectado desde el parabrisas abre el párpado que aguarda, y refleja un lago de misterio que rompe el vidrio de la ausencia.

El coche es tu morada y el aire la ferocidad donde se mueve.

Bate el viento con sus labios y alcanza a tientas la carrocería, encontrando los conductos de la ventilación, que depositan, intrépido, su beso.


III

Nubes reposando la inquietud del agua dormida. Se√Īales sobre letras de humo ocupando lechos fabricados a la medida del aire.

Son m√°s de las trece en el reloj del cuadro de mandos, cuando se escucha un bolet√≠n horario descargando las atrocidades peores, y se despacha un locutor con un ‚ÄúAdi√≥s, buenas tardes‚ÄĚ.

El sol de mediodía, el sol de punta,duele.

En el habitáculo un sobrevuelo de pájaros abre una grieta en el espacio de la distracción, y se disipa en el punto de fuga del asfalto, entre las luces primeras de la conciencia adormecida.


IV


El enunciado del paisaje, dibujado en el umbral del parabrisas, nombra en sílabas de bruma los contornos de la autovía.

Son brazos donde descansa el v√©rtigo de lo imprevisto, el alfabeto de se√Īales que se sucede kil√≥metro a kil√≥metro, como se sucede la silueta de los edificios y las industrias.

No importa si son f√°bricas, gasolineras o almacenes, ni la prohibici√≥n de pasar de noventa, cuando en pozos de sentido se vislumbra el hallazgo de los deseos. No importa si son bloques o adosados, o el destello de sus gui√Īos menores en los autobuses de l√≠nea.

La distancia es el tiempo y el asfalto su mediación intercesora.

El transcurrir de los kil√≥metros deletrea los cercos de un misterio, como se deletrean los n√ļmeros del cuentakil√≥metros, y se desvela el lugar inalcanzable donde se embarcan los ojos.




CARRETERAS SECUNDARIAS


I

Un reflejo delatando sombras proyectadas desde alg√ļn voladizo, un frenazo en la geometr√≠a de un coche haciendo la rotonda.

Quietos quicios de luz y el sol basculando sus agujas.

Algunos giros, algunos cambios de marcha, cuando se abran los sem√°foros y caigan rayos reflejados en el lado opuesto del chasis.

La tarde inaugurada desvelar√° la inocencia de los parachoques traseros, y las huellas de sus golpes en el oleaje de las respiraciones.

La tarde inaugurada dibujar√° su s√°bana virginal, depositando sus labios m√°s secretos en la tensi√≥n √ļltima de la monoton√≠a.

II
 

Oficinas met√°licas vertebrando la nuca de las nubes, altos p√°jaros de gas emitiendo su luz desde las plantas.

Son el inciso abierto en la pantalla del retrovisor, cuando anchas ventanillas encuentran la onda de una brisa, y descubren la lengua del asfalto recostada a derecha e izquierda entre meandros de humanidad.

Son viejas carreteras como venas capilares, entre urbanizaciones de bajo coste y proyectos de construcción.

Entre lagos de silencio donde bulle el transcurrir de vidas plateadas.


III

El parpadeo de los √°rboles mueve el filo de las hojas, agitando polillas de sencillez entre las grietas del asfalto. Peque√Īas r√°fagas de viento sobrevolando la trayectoria de tu coche, apremiando el vientre de los dedos que con firmeza te conducen.

No es el cuadro de mandos, ni su t√ļnica de pl√°stico polvoriento, ni el mullir de las alfombras desportilladas, donde un velo de cordura equilibra los sentidos y una elocuente calma pulsa la monoton√≠a. Es la quietud de los encuentros mejores, cuando un golpe de realidad interroga tu mirada, y un √°mbito de misterio llena el cuenco de las dudas.

Cuando un calor resquebrajado dialoga con el arco de tus deseos, y esas manos al volante, sedientas y al acecho, se festejan libres en una calzada que de completa ofende. 


(de Los ojos de tu nombre)






Luis Ruiz del √Ārbol Moro  (28 de marzo, 2008)


 


Luis Ruis del √Ārbol naci√≥ en Pontevedra en 1977. Estudi√≥ Derecho en la Universidad Complutense de Madrid, y 3¬ļ de esta carrera en Cergy-Pontoise (Francia). Durante cinco a√Īos prepar√≥ oposiciones a judicaturas. Actualmente trabaja como abogado procesalista en un bufete de Madrid. Como ilustrador ha publicado dos libros y ha realizado varias exposiciones, individuales y colectivas.
 



 Luis nos presento la primera parte de su serie ¬ęEl sue√Īo de la raz√≥n¬Ľ.



 

  
                                             
                                                               Antropocentrismo (El sue√Īo de la raz√≥n, XL) 



 
  
   Comida r√°pida (El sue√Īo de la raz√≥n)   


 
 
Naturaleza moribunda. Extrarradio (El sue√Īo de la raz√≥n, CXLVI)




 
 Open your mind (El sue√Īo de la raz√≥n)



 

(El sue√Īo de la raz√≥n, CCCLIX)


 

 
                                                                    Quiz Show (El sue√Īo de la raz√≥n)  
 

 

                                             
                                                               Don nadie (El sue√Īo de la raz√≥n, CCCLXVII)
 



 
Do√Īa nadie (El sue√Īo de la raz√≥n, CCCLXVIII)
 
 
 

No more questions (El sue√Īo de la raz√≥n, CCCLXVIII)








Amalia Bautista (11 de abril, 2008)

 


 
Amalia Bautista naci√≥ en Madrid en 1962. Es licenciada en Ciencias de la Informaci√≥n por la Universidad Complutense y trabaja como redactora en el departamento de comunicaci√≥n del Consejo Superior de Investigaciones Cient√≠ficas. Ha publicado C√°rcel de amor (Renacimiento, Sevilla, 1988), La mujer de Lot y otros poemas (Llama de amor viva, M√°laga, 1995), Cu√©ntamelo otra vez (La Veleta, Granada, 1999), La casa de la niebla. Antolog√≠a (1985-2001), (Universitat de les Illes Balears, 2002), Hilos de seda (Renacimiento, Sevilla, 2003), Estoy ausente (Pre-Textos, Valencia, 2004), Pecados, en colaboraci√≥n con Alberto Porlan (El Gaviero, Almer√≠a, 2005), Tres deseos. Poes√≠a reunida (Renacimiento, Sevilla, 2006), Luz del mediod√≠a. Antolog√≠a po√©tica (Universidad de las Am√©ricas, Puebla, M√©xico, 2007) y Roto Madrid, en colaboraci√≥n con Jos√© del R√≠o Mons (Renacimiento, Sevilla, 2008). Poemas suyos han aparecido en antolog√≠as como Una generaci√≥n para Litoral (Litoral, M√°laga, 1988), Poesia espanhola de agora (Rel√≥gio d‚Äôagua, Lisboa, 1997), Ellas tienen la palabra (Hiperi√≥n, Madrid, 1997),  La poes√≠a y el mar (Visor, Madrid, 1998), Ra√≠z de amor (Alfaguara, Madrid, 1999), La generaci√≥n del 99 (Nobel, Oviedo, 1999), Un siglo de sonetos en espa√Īol (Hiperi√≥n, Madrid, 2000) o Con gioia e con tormento. Poesie autografe (Raffaelli Editore, Rimini, 2006). Ha sido traducida al italiano, portugu√©s, ruso y √°rabe.



El 11 de abril vino a leer su poes√≠a Amalia Bautista, que ley√≥ algunos poemas de su larga trayectoria recopilados en Tres deseos (Renacimiento, 2006) y de su nuevo libro, en colaboraci√≥n con el fot√≥grafo Jos√© del R√≠o Mons, Roto Madrid (2008), del que reproducimos una peque√Īa selecci√≥n.
A modo de testimonio sobre su quehacer, Amalia nos ha confiado el siguiente texto que reproducimos en su integridad:
¬ęEscribir poes√≠a no es una tarea grata. Siempre hay un trecho, muchas veces un abismo, entre el poema que querr√≠amos hacer y el que finalmente hacemos. Hay que luchar contra la dificultad y contra la facilidad, y es mucho m√°s complicado hacer un poema al que no le sobre nada que un poema al que nada le falte.

Escribo por insatisfacci√≥n y lo que escribo me deja insatisfecha; porque estoy a contrapelo con el mundo y escribir me pone m√°s a contrapelo; porque necesito refugio y la poes√≠a me deja m√°s a la intemperie; por perplejidad y capacidad de asombro, por necesidad de celebraci√≥n, por desgarro, por b√ļsqueda y por entrega.

Consuela encontrar el camino que va de lo particular a lo universal, y viceversa. Consuelan, sobre todo, los poemas que han escrito otros.¬Ľ


Amalia Bautista





       
 
 

 
   IDA Y VUELTA

Cuando nos dirigimos al amor
todos vamos ardiendo.
Llevamos amapolas en los labios
y una chispa de fuego en la mirada.
Sentimos que la sangre
nos golpea las sienes, las ingles, las mu√Īecas.
Damos y recibimos rosas rojas
y rojo es el espejo de la alcoba en penumbra.

Cuando volvemos del amor, marchitos,
rechazados, culpables
o simplemente absurdos,
regresamos muy pálidos, muy fríos.
Con los ojos en blanco, m√°s canas y la cifra
de leucocitos por las nubes,
somos un esqueleto y su derrota.

Pero seguimos yendo.


(de Roto Madrid, 2008)




  

DREAM A LITTLE DREAM OF ME

Inv√≠tame a tu sue√Īo,
déjame compartir esa película
donde el tiempo es deforme y el deseo se                                                      [cumple.
Sue√Īa un poco conmigo y te prometo
ser la mujer perfecta
para ti, mientras vivas con los ojos cerrados.
Te besaré con labios de cereza,
mezclaré la pasión y la ternura,
y cundo llegue al alba me ir√© sin hacer  
                                                          [ruido.


(de Roto Madrid, 2008)



  EL PUENTE

Si me dicen que est√°s al otro lado
de un puente, por extra√Īo que parezca
que estés al otro lado y que me esperes,
yo cruzaré ese puente.
Dime cu√°l es el puente que separa
tu vida de la mía,
en qué hora negra, en qué ciudad lluviosa,
en qué mundo sin luz está ese puente,
y yo lo cruzaré.

(de Roto Madrid, 2008)




  LA REINA MAB

T√ļ, que no me preguntas d√≥nde vivo,
mereces la respuesta m√°s que nadie:
no hace falta buscarme en lo profundo
del bosque, ni a la orilla de alg√ļn lago
donde flotan cad√°veres hinchados,
ni en las h√ļmedas grutas, ni en las cumbres
donde hay flores de az√ļcar o de hielo.
Estaré donde quieras contemplarme
por detr√°s de tus p√°rpados cerrados.
All√° donde tus ojos me den alas.


(de Roto Madrid, 2008)




   TAMBI√ČN ESTO

También esto es Madrid, este lugar mugriento
en el que casi todo est√° prohibido.
La luz y las basuras
y todo lo bendito y lo inservible.
La sumisión y la anarquía,
la multiplicación de las preguntas,
la fiebre, la oración,
el echarnos de menos. El perdernos
de vuelta a casa. Y no encontrar la llave
porque nunca hubo llave.
Esto es también Madrid. O simplemente
estaba hablando de mi alma.


(de Roto Madrid, 2008)



  SFUMATO

Tan √°spero era el mundo, tan hiriente,
que él lo difuminó para mis ojos.
Tan profundo era el corte que me hacían
las aristas de todo lo real,
que él decidió limarlas.
Tanto da√Īo me hac√≠a el movimiento
de la vida voraz,
que él lo detuvo en un instante.

Un preciado regalo contra el mundo,
contra la realidad, contra la vida,
contra la lucidez
y contra mi tristeza..


(de Roto Madrid, 2008)
 

 
contacto
www.ibioculus.com | © 2008