Temo que no nos libramos de Dios, porque creemos todavía en la gramática - Friedrich Nietzsche



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Cuentos para ni√Īos deconstruidos de Miguel Ferrando
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Tobías Alcaín
Los primeros a√Īos en la vida de Ariadna
Miguel Ferrando


Tobías Alcaín

                                                                                                                                                     FUENTE: www.taringa.net

             Tob√≠as Alca√≠n el Gallito fabricaba flautas de retardo, unos instrumentos de palo de nogal y membranas que repet√≠an autom√°ticamente cada nota dos, tres y cuatro veces una vez cesaba el soplido. Las invent√≥ con el viejo empleado de correos, Laureano, criado en las monta√Īas sudamericanas, donde nace el Amazonas. Unos despreciaban las flautas por su aspecto de sierpe, o por lo complejo de sus sonidos siempre entremezclados en c√°nones o contrapuntos silvestres, inc√≥modos para los o√≠dos muy aficionados a los sonidos m√°s simples de la m√ļsica moderna. Otros enfebrec√≠an de emoci√≥n, preguntaban por el precio y se retiraban confusos cuando Tob√≠as les confesaba riendo que a√ļn no ten√≠a hechos los c√°lculos. Tob√≠as tambi√©n hac√≠a marcos de mamposter√≠a o cristales que iluminaban el otro lado de las ventanas con colores extravagantes, y compon√≠a complicados poemas de cuatro versos; el destinatario los le√≠a, se volv√≠a alegre y so√Īaba revoluciones diferentes cada noche. Lo malo es que el padre de Tob√≠as el Gallito regentaba una empresa de transportes, √©l era el octavo de una familia de nueve y hasta la peque√Īa In√©s conduc√≠a su furg√≥n cada ma√Īana recorriendo los quioscos del pueblo. Nadie le acuci√≥, todos le vieron sus curiosas aficiones y dedujeron que querr√≠a estudiar. Lleg√≥ a acabar el magisterio y fue entonces cuando la madre, desde la oficina donde controlaba el negocio, pidi√≥ que les echara a todos una mano en las cuentas y la administraci√≥n. √Čl dijo que no y se busc√≥ trabajo de sustituto en su vieja escuela.                                                         

            A otros no les supondr√≠a tanto negarse a la petici√≥n de la madre, una o dos discusiones, no m√°s; pero all√≠ no reg√≠a el mismo sentido de los hogares de ahora. Tob√≠as y su familia sent√≠an la vida con una hondura primitiva, de raza, los cambios revolucionaban los instintos y pulsaban oscuras teclas, imposibles de desentra√Īar. El chico tem√≠a ese instinto del que no sab√≠a si liberarse; era su sangre, lo que sab√≠a del mundo, lo que amaba de su vida, todo lo sent√≠a y lo amaba por ellos; el resto, sus ideas o sus inventos, eran ficci√≥n, gui√Īos de su otra esencia, quiz√°s pasaran con el tiempo, ¬Ņqui√©n era √©l para negar a la familia?

            

            Les quedaba una casa de proporciones exageradas, de cuando la familia fue de campo; sobraban c√°maras, buhardillas y patios, y a la orilla de la cocina, n√ļcleo de actividad y de las ri√Īas dom√©sticas, existi√≥ de siempre el gran comedor: una sala blanca, iluminada por las luces del ventanal y orientada al poniente, que recib√≠a la solana de la tarde y hasta los ruidos m√°s suaves de la calle. All√≠ se reun√≠an a comer y a cenar desde ni√Īos, el padre a un extremo y la madre y las hijas mayores cerca de la cocina, los chicos que no estuviesen en pleno reparto, alrededor de la gran mesa de cerezo. Se hablaba de tr√°fico, de comida y de las obligaciones propias del transporte:

                                              
            - ¬ŅC√≥mo anda la carne?

                                                                                             
            - Dos traileres de terneras congeladas esta semana, quedan otros dos y otros tantos de cerdo en piezas.

                                                                                 
            - Si no puedes con todo, que te ayude el hermano. No hay necesidad de vivir continuamente apurados.                                                                                      

            - Yo salgo para Francia con fruta, no vuelvo hasta el s√°bado, y corriendo, qui√©n sabe c√≥mo tendr√°n la carretera los salvajes de all√≠.                                                

            - Deben dos mil euros en el almac√©n, que paguen o que manden sus  naranjas por correo, no tenemos porqu√© esperar. Explota una rueda y no tardan en cobrar, con la carne y los muebles nos sirve.

                                                          
            Arrancaban el pan con viril despreocupaci√≥n. Eran anchos y en sus cuerpos entraba muy veloz toda la comida que llegaba de la cocina.                            

            - Te quedaron riqu√≠simas la croquetas, madre, mejor que nunca
hablaba Tob√≠as desmenuzando una patata.                                                                  

            - De bacalao y de jam√≥n, congeladas, qu√© l√°stima el tiempo que se perd√≠a antiguamente en la cocina, ¬Ņte fue bien en lo tuyo?

                                                                      
            Hubo de pensar unos segundos lo que le hab√≠a pasado en la escuela: c√≥mo hab√≠a formado una banda con sus flautas de retardo, tamboriles y guitarras, y c√≥mo crearon un inmenso revuelo, los ni√Īos soplaron entusiasmados, las ni√Īas hasta bailaban siguiendo los pasos de Tob√≠as y Alicia, la profesora de m√ļsica, el director se embob√≥ desde fuera y a punto estuvo de suspender todas las clases: ‚ÄúLos ratos as√≠ se fijan en una vida y te la agrandan, nada hay m√°s hermoso que verlos tan alegres‚ÄĚ, dijo el director. ‚ÄúLa alegr√≠a que te viene de ni√Īo es el bien m√°s grande, y m√°s esta alegr√≠a de misterio y de luz. Habr√° ni√Īo que nunca en su vida vuelva a ser tan feliz como lo ha sido hoy‚ÄĚ, continu√≥ el hombre, un poco fuera de sus cabales. Aquella m√ļsica oxigenaba el cerebro, demasiado a veces.

           
            - Est√° yendo bien, madre.

                                                                                              
           - ¬ŅTe tienen ya la plaza?

 

            - No tienen plazas libres, cada vez hay menos ni√Īos.                                        

            - Te mienten Tob√≠as, all√≠ no te quieren, que sepas que nadie te va a querer como en tu casa.


            Era sentencia y reprimenda. Tob√≠as acab√≥ su comida y esper√≥ en silencio a que se levantara la mesa. Escap√≥ de aquella tabla ovalada con el impulso de las aves acu√°ticas que despegan a aletazos torpes y exagerados. Luego, ya en la c√°mara del extremo del patio, rodeado de instrumentos de m√ļsica y madera, su esp√≠ritu se lanzaba a volar suave y feliz. Aquel d√≠a arreglaba una puerta de vaiv√©n con cristales esmerilados que √©l busc√≥ de los tres colores del cielo: azul, blanco y naranja. Se le acerc√≥ el padre, que le ven√≠a buscando para hablarle a solas:

             

            - Hijo, est√° as√≠ muy bien, no es m√°s que una puerta en el sitio de m√°s paso, los colores no nos cambiar√°n la vida.

           

            - Pero el naranja no encaja con el de la ca√≠da del sol, la mejor luz del d√≠a, t√ļ me lo ense√Īabas paseando por los ribazos del carrascal, cuando volv√≠amos de recoger higos y alcaparras.  

 

            - Calla Tob√≠as, no te voy a hablar como tu madre pero te tienes que empezar a tener firme en esta vida ¬ŅQu√© vas a ser en este mundo? ¬ŅDe qu√© te sirven tus ingenios fant√°sticos? ¬ŅTe crees m√°s que nosotros?

                                              

            No supo el chico si terminar bien la puerta, desorden√≥ los colores para evitar el precioso efecto de luces que hab√≠a dise√Īado y se march√≥ a la calle.

                                                                      

            - Pero tu padre no te conoce, chico, ser maestro no es un lujo, nadie ense√Īa de vicio, ganar√≠as menos que cualquiera de ellos.

                                                          

            - No es el dinero, Laureano, creen que les desprecio.

                                                                

            Y la verdad es que nadie se explic√≥ nunca por qu√© Tob√≠as habl√≥ con los suyos y decidi√≥ dedicar el resto de su vida a conducir una furgoneta, repartiendo botellas de aceite y vino. Y a√ļn por qu√© cas√≥ feliz con Alicia, la mujer de m√ļsica que le colmara de esa comprensi√≥n lejana y valiente. Lo √ļnico que dej√≥ de  hacer fue sentarse en la mesa ovalada en la comida, ni a√ļn en su boda. Le aterrar√≠a no entenderles, que le trataran como alguien de fuera. Construyeron la casa muy cerca de la paterna, como todos los hermanos. Por fuera era del sobrio ladrillo que se llevaba entonces, pero el interior era de claraboyas min√ļsculas, patios, talleres secretos y estancias de luces inesperadas. Si llegaban los hermanos o la madre, la casa se amoldaba a sus gustos cl√°sicos. Ayud√≥ mucho en la administraci√≥n y direcci√≥n del negocio familiar, le quedaba muy poco tiempo para su vida de inventos. Algunos, como el padre y Laureano, pensaban con un profundo peso en el pecho que Tob√≠as se hab√≠a amputado sus antiguas simpat√≠as, y les dol√≠a tanto, que el padre le lleg√≥ a insinuar que rebajara sus horas de faena, que se buscara una forma de retomar sus aficiones antiguas. ‚ÄúNo me lo podr√≠a perdonar‚ÄĚ, le lleg√≥ a decir una de las √ļltimas noches.

            

            Hab√≠an pasado los primeros diecis√©is a√Īos de transportista, se reunieron treinta y cuatro miembros de la familia para celebrar el santo del padre, de su hermano Juan Manuel y de tres sobrinos. A los ni√Īos les llev√≥ flautas de retardo como regalo; a los adultos  unas corbatas de seda, de gusto de Alicia. A todos les choc√≥ que no les trajese alguna de sus fantas√≠as. El padre se desilusion√≥ tanto que enmudeci√≥, como  ni√Īo sin regalo de Reyes. Estaba empezando la vejez, y se dejaba asaltar por achaques absurdos de nostalgias y celos. La cu√Īada por parte de Juan Manuel palp√≥ en cambio la corbata, admir√≥ el discreto tono y declar√≥ la famosa sentencia;

 

            - Tob√≠as, ya te amoldaste, por fin.

 

            - Gallito, ya eres un Alca√≠n - le solt√≥ el hermano mayor, casi sin ning√ļn rencor.

 

De regreso, Alicia le mir√≥ a los labios. O√≠an de lejos el sonido de las flautas que invad√≠an como grillos pentat√≥nicos el calor de la noche. La mujer comenz√≥ a hablarle de amor, de solsticios, acab√≥ preguntando:                                    

 

            - ¬ŅEres feliz?

 

            - Nunca contest√≥ Tob√≠as, pero le dijo algo hermos√≠simo que la content√≥ m√°s que cualquier respuesta.

 

            Algunas hogueras brillaron por los lejanos terraplenes del barranco. A Alicia se le destacaba la nostalgia en el canto de sus sienes; ella era sentimental de coraz√≥n y de costumbres. Suspir√≥ y le susurr√≥ la misma melod√≠a que sonaba en las flautas.                                                                       

            - As√≠ nos conocimos, con la misma canci√≥n, ¬Ņno te duele el recuerdo?              

           

            - S√≠, claro que escuece recordar.                                              

 

            - Sabes que vendr√° el d√≠a en que tus flautas suenen en cada casa y cada calle. Entonces los ni√Īos aprender√°n a tocarlas desde muy chicos y se crear√°n orquestas con tres tesituras de flauta de retardo, y siempre habr√° un teatro con tu m√ļsica y un concertista esmer√°ndose en interpretar tus melod√≠as, que siempre sonar√°n libres y nuevas.

                       

            - Claro que s√≠, mi amor.

 

            Alicia no podr√≠a haber llegado a imaginarse tanto, nadie podr√≠a prever que sucediese lo que vino a suceder despu√©s del accidente que cort√≥ la vida de Tob√≠as aquel preciso verano.

 

            Ya su muerte fue un prodigio. Lo encontraron sin vida dentro de su furg√≥n, con el cuello dislocado por un sequ√≠simo frenazo que nadie supo explicar, y ese mismo d√≠a de toda la comarca llegaron ni√Īos y mujeres tocando sus flautas, se conjuntaban de manera misteriosa en un canon infinito. Los que entraron en la casa dicen que las paredes parec√≠an de hielo rosado y que una luz dorada le tocaba la cara difuminando suavemente el dolor, extendi√©ndolo como una nube de implacable esperanza. Para el funeral hubo que abrir de par en par las puertas de la bas√≠lica. Tambi√©n las autoridades se enternecieron con el sonido del √≥rgano de retardo dise√Īado por el mismo Tob√≠as. Se ley√≥ una cuarteta que le escribi√≥ a su viuda y otra referida al padre y que por confusi√≥n pensaron escrita para s√≠ mismo. Toda la familia le llor√≥ y sinti√≥ no haber vivido m√°s cerca de √©l. Como Alicia a√ļn no hab√≠a vuelto en s√≠, Laureano, ya tan viejito, se qued√≥ a vivir en la casa y acompa√Īarla en el recuerdo. Sucedi√≥ despu√©s, en la casa y en la tumba, lo que sucede con todos lo m√°rtires, h√©roes o santos: un infinito despliegue  de milagrer√≠as, portentos, curaciones, peregrinajes, hermosas exageraciones de unas almas demasiado oxigenadas por el fervor y la continua m√ļsica.                                                                                                                     

 

            Claro que es mucha la leyenda y la leyenda viene con la fama y la fama igual que viene va, como las modas. Lo importante es lo que ha llegado a ser hoy en d√≠a el legado de Tob√≠as Alca√≠n, y c√≥mo la flauta de retardo ha pasado a ser un instrumento imprescindible no s√≥lo en hogares y escuelas, sino tambi√©n en las salas de concierto del mundo, llegando su presencia a ser habitual en las fiestas populares y en todos los conservatorios que en m√°s de treinta pa√≠ses disponen de c√°tedras dedicadas a su interpretaci√≥n.

                                                                                              

            La casa que construy√≥ para su vida conyugal fue cedida por Alicia y se reconvirti√≥ en el Instituto Tob√≠as Alca√≠n. Se ampli√≥ con un gran auditorio y el museo, todo construido siguiendo las pautas que marc√≥ en su hogar, con los peque√Īos patios, b√≥vedas, vidrieras y dibujos como juegos geom√©tricos, dise√Īos que fueron copiados por los ceramistas de la comarca y que hoy ya se consideran patrimonio de todos.

 

            Su estilo po√©tico, que alg√ļn fil√≥logo pedante describi√≥ como psicologismo-m√≠stico, fue secundado entre los j√≥venes poetas y estudiado en las universidades. Constantemente se promueven cert√°menes de poes√≠a alcainita con premios internacionales y se publican sus libros en m√°s de treinta  idiomas. En la ciudad de Arequipa en Per√ļ  se celebra cada diciembre el festival Alca√≠n y existe un teatro Tob√≠as Alca√≠n en el estado argentino de Tucum√°n donde se promueven espect√°culos con sus poemas, su m√ļsica y sus dise√Īos gr√°ficos.                                          

           

            La flauta de retardo es un instrumento de funcionamiento simple pero delicado, produce un sonido pur√≠simo, susceptible de infinitos matices y alta expresividad. Su caracter√≠stica principal es, como ya se ha citado previamente, la capacidad que tienen sus sonidos para repetirse una, dos o m√°s veces, dependiendo del int√©rprete y de una compleja serie de variables. Existe hoy un sinf√≠n de modelos en funci√≥n de la afinaci√≥n, del registro, del material o del tama√Īo. Primeramente dise√Ī√≥ modelos  pentat√≥nicos, que siguen siendo los m√°s aptos para aficionados y ni√Īos; despu√©s se sofisticaron y, hoy en d√≠a, los m√°s frecuentes son los de tesitura de bar√≠tono, tenor, alto y soprano, siendo los utilizados en orquestas y  recitales ortodoxos. Tambi√©n Tob√≠as hab√≠a dise√Īado registros de √≥rgano con esas mismas propiedades, oboes y dulzainas.

           

            Desde que soplas hasta que la flauta te devuelve el sonido existe un instante de afilad√≠sima emoci√≥n que nadie ha podido verdaderamente explicar. Es esto quiz√°s lo que ha provocado la r√°pida expansi√≥n del instrumento por medio mundo. Los que entienden de esp√≠ritus dicen que soplas y la respuesta viene del m√°s all√°, de un alma vagante, de tu sombra, de otra reencarnaci√≥n, del subconsciente, del √°ngel de la guarda. Pretextos. Nada hay en la flauta m√°s misterioso que la vida en s√≠, la soledad, la tierra, la familia, el tedio; pero tocas una de esas flautas y sientes, como se siente la sed o el fr√≠o, que es otro el que te responde, otro muy cercano, que te conoce, te busca, te explica, que desde muy dentro de ti te acompa√Īa y te ayuda a contener la melancol√≠a.




Los primeros a√Īos en la vida de Ariadna

   FOTO: Enviada por el autor
         ¬ŅCu√°l es tu secreto m√°s profundo, el √ļnico que nunca, nunca, contar√≠as a nadie?

            Los ojos de Ariadna, como los de una cobra erguida, se pararon, casi fuera de sus cuencas. La ni√Īa escuch√≥ la pregunta de su hermana mayor sin contestar y durante d√≠as revolvi√≥ muchos de sus secretos. Intent√≥ recordar todos los que ya sab√≠a, y todos eran secretos a medias, los conoc√≠a por otros, por los libros, por los mayores, por su misma hermana. Atraves√≥ pensando la puerta del comedor y  se santigu√≥; se santiguaba cada noche al pasar por aquel mosaico, y as√≠ le asalt√≥ su primer gran secreto:  tras esa puerta se escond√≠a el duende de los dedos h√ļmedos; Ariadna le tem√≠a y al tiempo sufr√≠a por √©l, por el viejo duende, por el desd√©n  de los dem√°s. Vivi√≥ muy esperanzada con aquel secreto, pero pronto dedujo que no era imposible que otros conocieran al duende, comprendi√≥ que no ten√≠a ning√ļn secreto tan secreto y se lanz√≥ a buscarlo en los otros, imparable. Observ√≥ a los adultos con lupa, les pregunt√≥ a todos sobre cualquier cosa, y comprendi√≥ que los mayores no conoc√≠an el significado de nada, ni de la vida, ni de la vejez,  ni de los ni√Īos peque√Īos. As√≠ cavilando descubri√≥ que, si le comentaba a su madre, por ejemplo, el peso que se le cargaba en el pecho cuando pensaba en el tiempo infinito que le quedaba por vivir una vez muerta cuando llegara al cielo, siempre obligatoriamente feliz, siempre descansada, sin tareas y sin sofocos , ella, su madre, se sonre√≠a y la espantaba a jugar sin importarle ese peso, as√≠ que Ariadna puli√≥ el secreto y una tarde soleada de s√°bado decidi√≥ acaparar a la hermana mayor y responderle;      

            - Mi secreto secret√≠simo, que nunca contar√≠a a nadie, es que los mayores no conocen el significado de la vida, ni les importa mucho.                                   

            La hermana esper√≥ perpleja a que siguiera hablando y le contase por fin  un secreto de veras interesante. Cuando comprendi√≥ que Ariadna no ten√≠a m√°s que contar la consider√≥ m√°s peque√Īa a√ļn y le contest√≥ la respuesta que ten√≠a preparada desde el mismo momento en que hizo la pregunta:                                           

            - Eres una mentirosa, porque si fuera un secreto que nunca contar√≠as a nadie tampoco me lo habr√≠as contado a m√≠.                                                                       

            Ariadna se ech√≥ a llorar, y llor√≥ como nunca hab√≠a llorado antes, porque lloraba por cosas que ni su madre ser√≠a capaz de entender. La hermana la abraz√≥ asustada por el efecto de su maldad, le dio muchos besos y despu√©s se pusieron las dos a jugar a marineras usando la alfombra de barco, las losas del suelo de mar y la mesa camilla de camarote.





Miguel Ferrando


Miguel Ferrando naci√≥ en Valencia, estudi√≥ derecho en su universidad, y m√ļsica en el Conservatorio Superior, traslad√°ndose posteriormente a Londres, donde se licenci√≥ en el Trinity College of Music. Tom√≥ parte en numerosos recitales y representaciones esc√©nicas en Gran Breta√Īa, Espa√Īa, Francia o Grecia, y realiz√≥ colaboraciones en revistas art√≠sticas. Hoy en d√≠a reside en Madrid, donde desempe√Īa su actividad musical en la ense√Īanza y en la interpretaci√≥n vocal para los m√°s importantes teatros de Espa√Īa, a la vez que desarrolla una importante labor de divulgaci√≥n po√©tica y lieder√≠stica. Ha escrito varios poemarios como Las soledades del Monstruo o Iliria, libros de relatos como Cuentos para ni√Īos decostruidos, y la novela Arrebato y Triunfo de Paco Pomares.



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