Los que bebemos del pozo, no hemos de olvidar a aquellos que lo cavaron - Refr√°n chino



buscador n√ļmeros anteriores
poético mundo
Zoom poesía coreana
Introducción y antología de Pío E. Serrano
Comparte esta pŠgina de IbiOculus




FUENTE:
http://commons.wikimedia.org/wiki/File:Seoul-Deoksugung-01.jpg

 

Palabras de presentación
Breve introducción a la poesía Coreana
Antología

Yi Sang  (Se√ļl, 1910-Tokio, 1937)
Kim Namjo (Daegu, Corea, 1927)
Ko Un (Kunsan, 1933)
Oh Sae-young (Young-Guang, 1942)
Choi Seung-ho (1954)
Ki Hyoung-do (1960-1989)

Traductores y revisores



Palabras de presentación

La editorial Verbum, en su apuesta por la especializaci√≥n, nos ha dado a conocer voces po√©ticas de sostenido prestigio en sus pa√≠ses de origen, pero poco o nada conocidas en el panorama po√©tico espa√Īol. Este es el caso, entre otros, de su cat√°logo de poes√≠a coreana, constituy√©ndose en un referente a nivel nacional. En este n√ļmero de Ibi Oculus, hemos querido hacernos eco de esta andadura de la mano del director de esta casa editorial, P√≠o E. Serrano.  

 

 




Breve introducción a la poesía coreana
por Pío E. Serrano


La literatura coreana, casi tan antigua como la china y m√°s reciente que la japonesa, acumula una enorme riqueza pr√°cticamente desconocida para el lector occidental. Oculto entre los poderosos extremos que constituyen las literaturas china y japonesa, el acervo literario coreano ha permanecido invisible durante siglos. Sin duda la convulsa historia de la pen√≠nsula de Corea ha favorecido ese silencio. Cerrada a Occidente hasta bien entrado el siglo XIX, debi√≥ sufrir sucesivas invasiones japonesas, la √ļltima entre 1910 y 1945, per√≠odo en que se lleg√≥ a prohibir el uso de la lengua coreana. Con la independencia, despu√©s de la segunda guerra mundial, la sociedad coreana conoci√≥ un considerable renacimiento de su identidad, expresada, principalmente, por la recuperaci√≥n de su lengua y por un rejuvenecido fervor por la literatura, por otra parte, nunca abandonadas a pesar de las represiones.

 

La civilizaci√≥n coreana con cuatro mil a√Īos de historia y altamente influida por la cultura china desde la antig√ľedad, desarrolla su primer cuerpo po√©tico en caracteres chinos. Esta etapa, con una tem√°tica vinculada a mitos religiosos y leyendas, conoce su florecimiento entre los siglos I a.C. y  X, durante los per√≠odos de los Tres Reinos y del reino unificado de Sil-la. De esta √©poca data la primera compilaci√≥n po√©tica, recogida por el monje budista Iryon.

 

Durante la dinast√≠a Koryo (935-1392) la poes√≠a coreana observ√≥ un doble tratamiento. Los arist√≥cratas desarrollaron el estilo kyonggi, de r√≠gida estructura y dedicado, sobre todo, a cantar a la naturaleza. El pueblo llano cultiv√≥ la changga, o poemas largos, compuestos por numerosas estrofas de diez o m√°s versos, la mayor parte de ellos de tem√°tica amorosa. Por otra parte, el empleo de tipos m√≥viles de imprenta desde 1234 contribuy√≥ a una mayor difusi√≥n de la literatura entre amplias capas de la sociedad coreana. Hacia el final de la dinast√≠a Koryo surgi√≥ la estrofa m√°s conocida de la poes√≠a coreana, el sijo, de una importancia para Corea semejante a la de las tankas para Jap√≥n. La palabra sijo significa ¬ęmelod√≠as de la √©poca o del tiempo¬Ľ, y originalmente sus composiciones fueron concebidas para ser cantadas, acompa√Īadas por instrumentos musicales. Aunque las melod√≠as se han perdido, muchos de sus textos han sobrevivido. El sijo era una estrofa de tres versos, compuestos los dos primeros entre 14 y 15 s√≠labas, y el tercero por una r√≠gida estructura de 3, 5, 4 y 3 s√≠labas, es decir, siempre de 15 s√≠labas. La composici√≥n sil√°bica del sijo quedaba, pues, integrada por un total de 43 o 45 s√≠labas. La rima no constitu√≠a un elemento imprescindible, aunque pudo estar presente; la aliteraci√≥n, sin embargo, tiene una mayor presencia. En el curso de la √ļltima dinast√≠a coreana, Choson o Yi, (1392-1910), el sijo alcanz√≥ tratamientos m√°s elaborados y su tem√°tica lleg√≥ a cubrir indistintamente la naturaleza, el amor y otros motivos l√≠ricos, incorpor√°ndose a ellos poemas filos√≥ficos de ascendencia confuciana y budista.

 

En el curso de la dinastía Choson o Yi se produjo un acontecimiento que habría de dar una notable singularidad a la literatura coreana. En 1443 el emperador Se-yiong dispuso el uso generalizado de un alfabeto, el Jan-gul, de estructura silábica, vigente en la actualidad y uno de los de mayor precisión científica del mundo. Esta circunstancia amplió significativamente el dominio de la escritura y el hábito de la lectura entre extensas capas de la sociedad coreana. Surgieron nuevas formas estróficas, como el kasa y el chapka, ambos compuestos por versos entre 4 y 8 sílabas, formando estrofas de una extensión ilimitada.

 

A partir de 1910 la poes√≠a coreana se incorpora a la modernidad y muchos autores abandonan las formas tradicionales para experimentar con el verso libre y las nuevas corrientes po√©ticas que, como el simbolismo y el surrealismo, comienzan a llegar de Europa. Los escritores coreanos, en un momento en que su pa√≠s estaba ocupado por Jap√≥n, pudieron ampliar sus estudios en las universidades japonesas. Desde fecha muy temprana, el profesor japon√©s Nishiwaki Junzaburu, tras una larga permanencia en Francia, hab√≠a llevado a Tokio los aires renovadores de la vanguardia europea. Influido por estas novedosas ideas se integra el grupo ¬ęGeneraci√≥n del 34¬Ľ, donde se integran algunos de los m√°s renovadores poetas coreanos, entre ellos el genio po√©tico de Yi Sang, muerto tempranamente a los 27 a√Īos de edad. La poes√≠a coreana ya no volver√≠a a ser la misma.

 

Lo sorprendente de la poesía coreana contemporánea se revela en la riqueza y variedad de su escritura. La actual poesía coreana no sólo ofrece textos esotérico y místicos, en términos filosóficos o religiosos como el lector occidental espera de toda escritura oriental, sino también textos que tienen que ver con el amor, el compromiso social, el mundo cotidiano y su lenguaje coloquial, sin olvidar la perplejidad y angustia de nuestro tiempo.

 

La disímil dicción de los poetas que presentamos, su variada temática y sus diferentes adscripciones generacionales constituyen una muestra significativa de la excelencia alcanzada por la poesía contemporánea de Corea, una escritura que merece igual atención que la producida en China y Japón.

 
A pesar de la tard√≠a presencia en espa√Īol de textos po√©ticos coreanos, el lector espa√Īol ya puede acceder a algunas de sus figuras cimeras gracias a recientes traducciones publicadas por Editorial Verbum. Es el caso de los poetas: Han Yung-un (1879-1944), So Chong-ju (1915-1992), Yun Tong-ju (1917-1945), Kim Chun-su (1922), Chon Sang-byon (1930-1993); y de los poetas aqu√≠ recogidos: Yi Sang (1910-1937), Kim Namjo (1927), Ko Un (1933), O Saeh-young (1942), Choi Seung-ho (1954) y Ki Hyoung-do (1960).

 

 




Antología
Por Pío E. Serrano



Torre de Seul

 

Yi Sang  (Se√ļl, 1910-Tokio, 1937)

Breve semblanza bio-bibliogr√°fica

Quiz√° ninguna otra figura de la literatura moderna coreana resulte tan provocadora y atractiva como la de este poeta y narrador. Autor de una obra variada y sugestiva, Yi Sang representa el momento m√°s alto de la vanguardia de su pa√≠s y, consecuentemente, el m√°s inquietante quebrantamiento de su literatura. Las transgresiones ling√ľ√≠sticas de su escritura se unen al desasosiego de su hiperestesia, al cultivo de la iron√≠a y la ambig√ľedad, a un desolado sentimiento de absurdidad y de extra√Īamiento espiritual, a una recurrente ret√≥rica de la autodestrucci√≥n y al irreverente trasiego de una er√≥tica que cobra vida en s√≠mbolos y met√°foras desconcertantes que lo distancian de los valores literarios de sus contempor√°neos.

El cr√≠tico brasile√Īo Haroldo de Campos escribi√≥: ¬ęYi Sang es el experimentador m√°s extraordinario de la literatura coreaa contempor√°nea. Cando escribe poes√≠a y prosa en un estilo esbozado, anticipadamente ‚Äėminimalista‚Äô, no s√≥lo parece un √©mulo oriental del dada√≠smo constructivista (a la manera de Kart Schwitters), sino, sobre todo en los cuentos, o mejor dicho, en los textos nominalmente en prosa, se acerca en algunos aspectos a la Gertrude Stein de los juegos tautol√≥gicos con la sintaxis, y al Beckett de las reducciones a la nada del lenguaje¬Ľ.

Se puede consultar en espa√Īol A vista de cuervo y otros poemas (Edit. Verbum, 2003).


 


Del poemario 
A vista de cuervo y otros poemas
(Edit. Verbum, 2003)

 



POEMA 9

 

Al cabo de d√≠as y d√≠as de soplar calientes ventarrones, una gran mano se posa en mi cintura. En cuanto sientas la presencia del sudor entre los valles resplandecientes de huellas dactilares, dispara. Voy a disparar. Siento el peso del arma y su boca grasienta en los intestinos. Acto seguido cierro los ojos como si apretara el gatillo; sin embargo, en lugar de la bala ¬Ņqu√© escupi√≥ la boca del arma?

 

 

POEMA 10

 

Observo una mariposa agonizante en el desgarrado papel de la pared. Se trata de una ventana secreta por la que se accede al mundo del más allá. Un día observo una mariposa agonizante en la barba que aparece en el espejo. La mariposa alicaída bebe del rocío que humedece mi boca. Si cubro bien la ventana secreta y muero la mariposa saldría volando. Deseo que las palabras no escapen al exterior.

 


POEMA 12

 

Manojos de ropas sucias revolotean en su ca√≠da. Blancas palomas en una bandada. Se ha terminado la guerra en otro lado del cielo, que no es mayor que la palma de la mano; es el anuncio de la paz. Otra bandada de palomas lava la mancha del cuello. En este lado del cielo, que no es mayor que la palma de la mano, comienza una guerra sucia matando con palos a las blancas palomas. Cuando el negro holl√≠n del carb√≥n mancha el aire. Una bandada de blancas palomas huye de nuevo hacia otro lugar del peque√Īo cielo.

 

POEMA 13

 

Mi brazo, que todavía sujeta en su mano la navaja, cayó al suelo. Si me fijo bien, está muy pálido, de un tono amenazador. Mis brazos perdidos se convirtieron en candeleros que decoran mi habitación. Ellos parecen tener miedo de mí. Esa delicadeza sutil me agrada más que un tiesto de flores.

 

 

 





Kim Namjo (Daegu, Corea, 1927)

 

Breve semblanza bio-bibliogr√°fica

Es la figura femenina m√°s sobresaliente de la poes√≠a coreana contempor√°nea. Nacida en el per√≠odo de ocupaci√≥n japonesa, recibi√≥ una en su familia una educaci√≥n de tradici√≥n confuciana, aunque tolerante frente al budismo y al cristianismo. Graduada universitaria en fecha temprana, ha ejercido durante cuarenta a√Īos la c√°tedra de Literatura Coreana en la universidad femenina Sukmiong. Su primer libro de poemas apareci√≥ en 1953, cuando el pa√≠s conoc√≠a los desastres de la guerra coreana. Parad√≥jicamente, su libro se public√≥ con el t√≠tulo Vida, que vino a ser una propuesta po√©tica y existencial que marcar√≠a toda su obra posterior. La poes√≠a de Kim Namjo nos habla del amor, un amor acentuado las m√°s de las veces por su car√°cter abstracto y universalizador. Es la expresi√≥n de un amor que nace de la muerte presente en las atrocidades de la guerra. Su obra, compuesta por breves poemas, constituye una victoria de la supervivencia. La autora no rechaza la muerte, sino que la asimila a un ciclo perenne de muerte/vida, vida/muerte, expresi√≥n del sentimiento oriental que sabe los misterios de ese eterno fluir. Su fe cristiana, unida a una fuerte tradici√≥n oriental, universaliza y enriquece la esencialidad de su poes√≠a. Una docena de poemarios, m√°s sus vol√ļmenes de ensayo y de narrativa completan su obra. Ver en espa√Īol Antolog√≠a po√©tica (Edit. Verbum, 2003).

Del libro 
Antología poética

(Edit. Verbum, 2003)

 

CANTAR DE LOS CANTARES

Desde las más profundas raíces
Hasta la m√°s alta cima
Todo se impregna de mi soledad
Que a ti, sólo a ti, puedo ofrecer.
Del este
Al oeste,
Rodeando al cielo,
Remolino
Que gira y gira
Y vuelve a mí.


LOS √ĀRBOLES

Mira
Los árboles. Saben de la separación
Y así se aman.
En el mismo √°rbol
Se casan ramas y hojas.
Y ensismados como siempre
Supe
Que se amaban.

Hoy, con la lluvia,

na gota de llanto
Ba√Īa todo mi cuerpo, de arriba abajo.

¡Qué divino!
La hoja ama a la rama,
La rama a la hoja.
Y ambos aman la raíz.
Noche tras noche
Dorados rayos de luna
Descienden, descienden
Y así supe de su amor.

Mira
El amor de los √°rboles, el m√°s puro.
Ellos lo saben,
Un día no lejano caerán las hojas
Y sólo quedarán las ramas.
Ellos lo saben y por saberlo
acrecienta su amor.



JUNTO AL √ĀRBOL

√Ārbol, junto a ti
√Ārbol soy tambi√©n,
Cuerpo yerto que se sumerge en un b√Īao glacial.

Reluce el firmamento
Amistad sin deslumbrar
Vence al invierno
Flor de las flores.

√Ārbol, junto a ti
√Ārbol soy tambi√©n.
Frío que estremece
En gélida agua
T√ļ y yo,
Día y noche sumergidos.

 

 




Ko Un (Kunsan, 1933)



Breve semblanza bio-bibliogr√°fica

es uno de los m√°s conocidos y estimados poetas contempor√°neos de Corea. Sufri√≥ prisi√≥n durante las dictaduras militares. Su obra po√©tica ‚Äďcerca de una veintena de t√≠tulos- ha evolucionado desde sus primeros textos nihilistas, hasta una serena y entra√Īable mirada a los aspectos m√°s sencillos de la vida coreana, pasando por una etapa de fuerte compromiso social. En gran parte de su obra, Ko Un, se ha mostrado identificado con la lucha contra la miseria y la opresi√≥n de la √©poca de las dictaduras, y siempre ha mostrado una gran sensibilidad hacia la vida campesina, sus gentes, sus paisajes, su habla y sus h√°bitos. Ko Un es tambi√©n autor de numerosos ensayos y novelas. En 1974 escribi√≥ una biograf√≠a del singular poeta vanguardista Yi Sang. Ver en espa√Īol Diez mil vidas (Edit. Verbum, 2004) y Ananda. 100 poemas zen (Edit. Casariego, 2005).


Del poemario
Diez mil vidas
(Edit. Verbum, 2004)

 

LOMBRIZ

 

Al cumplir los seis a√Īos cuentas las estrellas.

Las noches son excepcionales,

no te gusta la claridad del día.

Tu madre ha salido al campo,

el padre ha ido al campo de arroz,

al campo de arroz de otros.

Durante el día,

una vez pasada la tormenta,

juegas con lombrices bajo el tejado.

 

Un ni√Īo de seis a√Īos, conocido como Dosup, aburrido, aguarda la noche.

 

 

 

LA MUJER DE LA ISLA KWI

 

Cumplidos los seis a√Īos me fui con el t√≠o menor

a cruzar unos ocho kilómetros de tierra ganada al mar,

sin detenernos, tanto que mis peque√Īas piernas se doblaban,

hasta que llegamos al mar que se elevaba hasta el cielo.

Esperamos hasta que la marea baja descubriera un sendero fangoso

y cruzamos hacia la isla Kwi,

donde conocimos a la mujer del barquero,

su maravillosa mujer.

¬ęporque si viviera, mi ni√Īo tendr√≠a tu edad.

Ll√©vate esto contigo, pru√©balo, c√≥metelo¬Ľ.

Su enorme boca verdosa seguía murmurando

al tiempo que con destreza enganchaba una raya grande.

Esa mujer no sólo era un ser humano, era precisamente el corazón del mar.

Desde entonces sub√≠a a la cima de la monta√Īa Halmi y all√≠ me estaba

quién sabe por cuanto tiempo mirando el mar y a la mujer de la isla.

Los observaba con el dolor de mis piernas.

 

 

 

ABUELA MATERNA

 

Ojos de vaca.

Ojos taciturnos y vacíos.

Ojos de mi abuela materna.

¬°Mi abuela materna!

Para mí, la persona más sagrada del mundo.

 

Una vaca que ha dejado de pastar la fresca hierba

y ya no está más parada allí.

 

Después de todo no es mi abuela

es la paz de este mundo,

muerta y sin sepulcro.

 

  

 

ABUELO MATERNO

 

Choi Hong-kwan, nuestro abuelo materno,

era tan alto que su sombrero llegaba hasta el alero

y rozaba al nido de gorriones que allí estaba.

Siempre se mostraba sonriente,

si la abuela daba a alguien algo de comer,

era el primero en alegrarse.

Si la abuela le hablaba con severidad

reía y hacía como si no la oyera.

Una vez, siendo yo peque√Īo, me dijo:

¬ęMira, si barres bien el patio,

el patio se reir√°.

Si el patio se ríe

la valla también se reirá.

Hasta las maravillas,

florecidas en el patio, se reir√°n¬Ľ.

 

 

 

AZALEAS

 

La monta√Īa Halmi ard√≠a toda de azaleas.

Cuando yo ten√≠a cinco a√Īos de edad

y durante varios a√Īos m√°s,

arrancábamos hasta las raíces de las azaleas

y las quem√°bamos para calentar los lechos en invierno.

Eran tiempos difíciles.

Las azaleas no florecían en la cercana primavera.

Era mucha la pobreza.

C√≥mo no ser√≠a la pobreza en la monta√Īa Halmi.

Alguna que otra raíz de azalea sobrevivía

y para no perder su huella, florecía de nuevo.

Yang-gum, una ni√Īa de la aldea,

sub√≠a a la monta√Īa con una larga cinta roja

para ver aquellas azaleas.

Ponía piedras a su alrededor y levantaba una valla.

Olvidaba su casa y sus quehaceres

y permanecía largo tiempo allí sentada.

¬°Oh Dios! ¬ŅQu√© estoy haciendo aqu√≠ todav√≠a?

¬°V√°lgame el cielo!

 

 




 

Oh Sae-young (Young-Guang, 1942)


Breve semblanza bio-bibliogr√°fica
 

Es profesor de Lengua y literatura coreana en la Universidad de Se√ļl. Con una obra breve pero de extraordinaria intensidad, O Saeh-young ha podido crear un universo donde la angustia existencial y un √≠ntimo lirismo se abrazan armoniosamente. Se observa en su creaci√≥n una creciente expansi√≥n e intensificaci√≥n de sus percepciones vitales, acentuadas en sus √ļltimos libros por su acercamiento al budismo. Ver en espa√Īol Sue√Īos del barranco (Edit. Verbum, 2003).

 

Del poemario
Diez mil vidas
(Edit. Verbum, 2004)



 

LA ESPERA

 

Té fino hecho en la primavera pasada con hojitas tiernas,

al fin lo abro en este atardecer de largo y declinante oto√Īo.

Y me pregunto: Para qué lo habré guardado con tanto cuidado

sabiendo que nadie vendría por más que espere?

En el jardín trasero los frutos silvestres ya maduraron

y los faisanes los picotean.

Como un pajarito que toma un sorbo de agua y mira al cielo,

estoy aqu√≠, solo, tomando el t√© en este d√≠a de prolongado oto√Īo.

En esta caba√Īa adonde nadie vendr√° por m√°s que espere

estoy tomando el t√© acompa√Īado por la monta√Īa que se alza frente a m√≠.

Las hojitas mojadas por el rocío de la primavera pasada

desprenden su perfume

m√°s fresco por el aire de las primeras heladas.

 

 


CANCI√ďN DEL MANANTIAL

 

Debajo de la roca veo un manantial

donde no deja de fluir al agua día y noche.

Qué sabrosa es el agua fresca,

el agua que acent√ļa el verde del pino verde.

 

Debajo de la roca veo un manantial

donde se refleja el cielo día y noche.

Al tomar el agua de una calabaza

m√°s altas se ven avanzar las blancas nubes.

 

Debajo de la roca veo un manantial

donde se refleja el rostro de mi amada.

En el reflejo de la luna en el agua de la calabaza

veo a mi amor que se march√≥ con el sue√Īo.

 

 


H√ĀBITO BUDISTA TE√ĎIDO DE GRIS

 

No hay tristeza.

No hay alegría.

Sentado solo en el tablado bajo el sol,

como so√Īando mira la lejana monta√Īa,

la delgada capa de algodón sobre el hombro huesudo.

 

Los √°rboles del patio frontal se deshojan

y la estatua de buda del patio trasero se resquebraja.

 

Sentada rectamente en el tallo del cosmos

una libélula se petrifica en la blancura;

 

aletea

el cuerpo completamente

vacío.

 

 


UN CAMINO

 

Un peque√Īo templo budista

donde el camino se pierde en la oscuridad.

Por un resquicio donde se escapa el brillo de las luciérnagas

se escucha leer toda la noche

a una monja de cejas azules.

 

Se mueve agitadamente una hoja seca

en una rama vacía,

sentado en la √ļltima hoja iluminada por las estrellas

de nuevo se escucha leer durante toda la noche

a un saltamontes de buenos oídos.

 

Calmando la sed

con el frío rocío del cielo lejano.

 

 

 



 


Choi Seung-ho (1954)



Breve semblanza bio-bibliogr√°fica
 

 

Participa del movimiento po√©tico de una nueva generaci√≥n, desarrollado a lo largo del √ļltimo cuarto de siglo. Este movimiento ha reaccionado cr√≠ticamente en contra de la salvaje industrializaci√≥n de Corea y de sus m√ļltiples y traum√°ticas consecuencias en la sociedad coreana. La poes√≠a de Choi Seung-ho no se caracteriza precisamente por el canto a la belleza de la  naturaleza o a la bondad del hombre. M√°s bien, sus versos expresan inaudibles gemidos e inarm√≥nicas im√°genes que se generan, de manera consciente o inconsciente, en nosotros y en nuestras circunstancias. Predomina en su po√©tica una cierta tendencia al fe√≠smo y al √©nfasis en lo grotesco, como reacci√≥n cr√≠tica a un entorno insoportable para el poeta. No faltan, sin embargo, en su escritura un acercamiento, a veces tierno, otras ir√≥nico, hacia sus semejantes, prisioneros de la soledad y de la incomunicaci√≥n; as√≠ como los temas vinculados al destino final del hombre y sobre el sentido de la existencia. En espa√Īol: Yo que soy nada, lo soy todo (Edit. Verbum, 2005).

 

Del poemario
Yo que soy nada, lo soy todo 
(Edit. Verbum, 2005)


 

LOS MENESTEROSOS

 

Todavía existen pobres que viven en inhóspitas cavernas.

Cuando la humareda negra se elevaba y llegaban apresurados los bomberos,

observ√© el llanto de una ni√Īa y su abuela

ante su casa convertida en cenizas.

 

En la metr√≥poli misma, en Se√ļl, existen vidas marginadas.

Aunque a su lado se encuentre un hospital de la Cruz Roja,

con su gran cartel que invita a donar sangre,

la sangre de los pobres seguir√° siendo pobre;

pero, a√ļn m√°s, en el camino que va de la miseria a la muerte

se incrementa el n√ļmero de los desechos.

 

Tal vez nadie se coronar√° rey de los objetos.

Junto a la aldea de andrajos, se ve una tienda de objetos usados:

verdadera tumba de cosas in√ļtiles,

majestuosa como un espléndido mausoleo real.

Su inscripci√≥n deber√≠a decir: ¬ęSepulcro del rey de los harapos¬Ľ.

 

Es el sitio donde sobreviven los miserables

llevando carretillas con los residuos de la actual civilización.

Como enhiesta esfinge

un perro negro que guarda la entrada, agazapado,

se me queda mirando, sin ladrar.

 

 

ESCENAS DE UN SUICIDIO

 

            I

 

Dicen que el muchacho que se arrojó desde lo alto de un edificio,

llevaba un libro de historietas en una mano

y, en la otra, su teléfono celular.

 

Se lanz√≥ como un peque√Īo pez

desde la pecera hacia el suelo de hormigón;

más no así el mudo pez que envejecía, resignado,

√ļnicamente mirando hacia el exterior de su turbia pecera.

 

            II

 

Aquel cuervo que al anochecer permanece sentado en un √°rbol muerto

se parece a una magnolia ennegrecida..

Si alguien llega al lado de este √°rbol

y se cuelga desesperado de sus ramas para ahorcarse.

¡quiébrate, rama podrida!

para que la persona caiga al suelo, ¬°plaf!,

se levante sacudiéndose las caderas

y regresa a casa con sus pesados pasos, de inmediato

 

 

MITAD DE GANSO SILVESTRE

 

No me acostumbro a la nueva ciudad.

Es como una aglomeración de edificios pasajeros.

Pero no diré que sus residentes también

llevan una vida pasajera.

 

En la muy desolada periferia de la nueva ciudad,

escasos arrozales y sembrados abandonados,

páramos y también moteles.

En un restaurante

o en una sórdida choza groseramente remodelada,

preparan platos de pollos d ¬ęde granja¬Ľ, gallinas negras, patos,

e incluso, medio ganso silvestre.

Los restos de las aves, al basurero.

 

Y t√ļ, segunda mitad del ganso silvestre,

¬Ņvuelas alto por el cielo?

¬ŅVuelas hacia el oeste del anochecer

con la mitad s√≥lo de tu mente? 

 

 


 


Ki Hyoung-do (1960-1989)

 


Breve semblanza bio-bibliogr√°fica

 

Su obra po√©tica, breve pero de una intensidad sorprendente, se ha convertido en muy pocos a√Īos en texto de culto entre los j√≥venes lectores coreanos. Apoyado en un rico lenguaje metaf√≥rico, el poeta construye un universo en constante cuestionamiento de la condici√≥n humana, de la soledad y la incomunicaci√≥n en las grandes sociedades industriales. En sus poemas conviven con inquietante armon√≠a, la belleza y la calidez con el sufrimiento y una visi√≥n grotesca de la existencia. Lejos de t√≥picos y consignas al uso, su poes√≠a es tambi√©n una clara denuncia de la negaci√≥n de los valores humanos, de la violencia de las dictaduras y de las contradicciones sociales de su pa√≠s. A su encrespado lenguaje metaf√≥rico une el poeta una expresi√≥n donde el tiempo se quiebra, la sintaxis oscila en los vericuetos de una l√≥gica sustanciada en lo intuitivo y las elipsis interrumpen bruscamente el discurso para conferir a sus textos una inquietante sensaci√≥n de desesperado hermetismo que s√≥lo conduce a las secretas palpitaciones del coraz√≥n del poeta. En espa√Īol: La hoja negra dentro de la boca (Edit. Verbum, 2005).

 

 

Del poemario
La hoja negra dentro de la boca
(Edit. Verbum, 2005)

 

 

 

 

EL CELO ES MI FUERZA

 

Pasados muchos a√Īos

las débiles páginas del libro dejarán caer este papel

entonces mi corazón habrá construido antas fábricas

est√ļpidamente tendr√≠a tantas cosas que escribir

como los perros que caminan despacio debajo de la nube

oscilaba en el aire sin cansarme

lo √ļnico que tengo es un suspiro

dejo la juventud de pie sola en cada calle de la tarde

cuento misteriosamente los días que he vivido

nadie me ha temido

el sentido de mi esperanza es solamente el celo

por eso primero dejo aquí las frases cortas

mi vida vagabundeaba buscando locamente el amor

pero ni una vez siquiera me he enamorado de mí mismo

 

 

LOS A√ĎOS UNIVERSITARIOS

 

Debajo de la silla de madera yacen los libros abandonados.

El bosque de √°rboles plateados es profundo y hermoso,

Pero allí hasta las hojas del árbol se tildaron como armas..

Cuando llegan a ese bosque tan hermoso, los jóvenes

Pasan con los ojos cerrados, como si tomaran una decisión.

En la escalera de piedra yo leía libros de Platón

Y cada cierto tiempo se oían disparos.

cuando floreció el árbol de loto mis amigos se dispersaron,

unos a la c√°rcel, los otros al servicio militar;

un compa√Īero menor que escrib√≠a poes√≠a

confesó pertenecer al servicio de inteligencia,

un profesor respetado prefirió callar;

pasaron varios inviernos, me quedé solo

y llegó la graduación: temía abandonar la universidad.

 

 

EL ANCIANO

 

Es f√°cil descubrirlo,

no puede escapar,

como na roca dura,

agachado bajo la sombra de la enredadera del parque

 

est√° sentado

en una posición que sólo permite un mínimo movimiento,

la luz de sus ojos avariciosos

devora silenciosamente mi cara,

mis hombros amplios, mis m√ļsculos fuertes

 

yo lo odio,

odio su corto pantalón,

su boca con un hilo de saliva,

su mente envejecida que no puede siquiera percibirse a sí mismo

 

por la sola razón de no conocerlo

arrojo mi saliva a su mundo;

por la sola razón de que él es un lugar rechazado

yo protejo mi mundo

y no puedo perdonar intento alguno de penetrarlo

 

de repente, lo miro, al mismo tiempo

él apenas baja la mirada hacia la enredadera;

tocando su bastón sin parar con la boca abierta

parece que tuviera algo que decir,

parece que sintiera algo incómodo,

lo √ļnico que a√ļn queda en su cuerpo

 

 

MURMURACI√ďN

 

Sombras que deambulan en la oscuridad,

una sombra pegada a la pared oscura;

los coches de los que sabían algo apagaron sus luces;

cada edificio cerró la puerta; en un instante

todo se detuvo, estalló un olor a petróleo;

se oía un ruido de metal delgado y largo arrastrado por el suelo;

las hojas negras rodaron indagando;

las manos y los pies se movieron con rapidez;

brilló la luz del cigarrillo;

un caminante que entraba al callejón lanzó un grito agudo.

 

¬ŅPor qu√© se juntan cada noche en la oscuridad?

¬ŅAd√≥nde va el deseo de aquellos j√≥venes?

¬ŅPor qu√© los placeres de las personas son de semejante naturaleza?

 

 

 




Traductores y revisores

 

 

 


YI SANG: trad. Whangbai Bahk; revisión: José Catalán y Pío E. Serrano.

 

KIM NAMJO: trad. Kwon Eunhee y Yoon Junesick; revisión: José Catalán.

 

KO UN: trad. Kim Un-kyung; revisión: José Catalán.

 

OH SAE-YOUNG: trad. Kim Changmin; revisión: Pedro Shimose y José Catalán.

 

CHOI SEUNG-HO: trad. Lee Seung-jae; revisión: Eduardo Ramírez.

 

KI HYOUNG-DO: trad. Yoon Bong-seo; revisión: Claudia Macías Rodríguez.


 

 

contacto
www.ibioculus.com | © 2008