Los que bebemos del pozo, no hemos de olvidar a aquellos que lo cavaron - Refr√°n chino



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Doble Redención
Un relato de Eduardo Mu√Īoz
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Doble Redención
Eduardo Mu√Īoz Garc√≠a

 

Doble Redención
                                                                                          

Pers√©vero sent√≠a el peso de la soledad a pesar de estar rodeado de familiares en aquella celebraci√≥n de su santo. Se hallaba m√°s acompa√Īado en el autob√ļs, en la escuela o en el trabajo que entre los alborotadores que brindaban en aquel momento, pero lo que m√°s calmaba su soledad era Andrea, una muchacha con la que sol√≠a hacer  excursiones por la monta√Īa.

 

Record√≥ haberla conocido un invierno en la cordillera Herciniana, no lejos del mar Tetis. Hab√≠an salido de casa muy temprano acompa√Īados de un grupo con la intenci√≥n de ascender un monte de gran altura.  Tras un par de horas flanqueando una ladera nevada, el grupo se hab√≠a diseminado ante una abrupta pendiente, en busca de una ruta que les permitiese alcanzar la arista cimera.  Andrea se hab√≠a quedado rezagada y hab√≠a comenzado a subir por un suave corredor con nieve blanda que poco a poco se hizo m√°s empinado y la nieve dio paso al hielo. A mitad del recorrido se percat√≥ de la dificultad de continuar por aquella ruta y se hab√≠a detenido tratando de descubrir una salida alternativa de aquel tubo en que se hab√≠a enriscado sin propon√©rselo.

 

 Pers√©vero la hab√≠a visto progresar y sigui√≥ sus huellas. Estaba caminando en pos de una veintea√Īera, no tanto por el atractivo de su f√≠sico, sino porque le estremec√≠a la idea de dejar a alguien  por el camino, pues en el curso de su vida ya eran unos cuantos los que hab√≠an perdido el ritmo y solo habitaban en el recuerdo; incluso se le hab√≠a levantado alg√ļn esqueleto de la tumba.

 

No olvidaba aquella arista afilada, cuyos rebordes hab√≠an quedado totalmente cubiertos por la nieve, sin una pausa en su blancura. Sus √ļnicas competidoras eran unas nubes albinas en que el viento hab√≠a horadado una cavidad  por la que se filtraba un trozo de cielo, como una alusi√≥n de esperanza. En el corredor, unos metros por encima de Andrea, una roca empotrada ocultaba el sol  proyectando una sombra l√≥brega. La hab√≠a visto avanzar tercamente unos pasos m√°s, hasta convencerse de que aquel pe√Īasco incrustado en la canal s√≥lo podr√≠a superarse con un complejo material de escalada. Cuando mir√≥ hacia la vaguada se hab√≠a quedado aturdida al observar el abismo que se interpon√≠a entre ella y el acogedor seno del valle.

 

La fiesta hab√≠a acabado y sus familiares hab√≠an dejado la casa.  Pers√©vero extrajo el certificado de la √ļltima empresa en que hab√≠a trabajado y lo coloc√≥ en una carpeta para acudir a la ma√Īana siguiente a las oficinas de desempleo. Esa obligaci√≥n le incit√≥ a huir de la realidad, a so√Īar que todo segu√≠a como en los viejos tiempos. Volc√≥ en una copa el cul√≠n de una botella y se llev√≥ la mano hacia la quemadura en el lado derecho del cuello. Cuando beb√≠a pod√≠a sentir a√ļn la mordedura de aquel le√Īo incandescente sobre su piel. La copa se hab√≠a quedado de nuevo vac√≠a y busc√≥ alg√ļn resto de vino entre las botellas que se manten√≠an en pie. Se recost√≥ y comenzaron a caminar unas im√°genes esplendorosas  mecidas por Dionisos.

 

Había alcanzado a la muchacha y una fuerza interior le había impulsado a sobrepasarla y dirigirse hacia el obstáculo para salvarla al estilo de los romances, pero una vez más comprobó que no tenía madera de héroe.

 

Al incrustar en el hielo la punta delantera de sus botas hac√≠a saltar esquirlas transparentes que llov√≠an sobre Andrea, ceg√°ndola,  por lo que decidi√≥ colocarse de nuevo por debajo y dirigirse a ella por primera vez para sugerirla que desistiese de alcanzar por all√≠ una salida. Andrea recuper√≥ el √°nimo al sentir  la presencia de aquel desconocido. As√≠ y todo, el descenso de aquel tramo se presentaba complicado. Ambos sab√≠an que en cualquier declive fuerte era m√°s sencillo avanzar hacia lo alto que retroceder.

 

Hab√≠a comenzado a descolgarse asentando cuidadosamente el cerco delantero de su calzado en la nieve helada y, sosteniendo con fuerza el mango del piolet, utilizaba  la azuela del mismo para tallar pelda√Īos por encima de √©l, con la intenci√≥n de que la muchacha se apoyase y mantuviese el equilibrio. Al inicio ella resbal√≥ y un pie se clav√≥ en su cuello, produci√©ndole un corte generoso, pero la mente de √©l se hallaba demasiado ocupada en salir de aquella pendiente y no prest√≥ atenci√≥n al tinte bermejo que estaba adquiriendo el costado derecho de su chaqueta.

 

Paso a paso, muy lentos, descendieron de cara a la pared todo el tramo escarpado. Paulatinamente sus pies iban encontrando m√°s apoyo. Al separarse del corredor, el viento les salud√≥ con fuerza y su sombrero vol√≥ por los aires, dejando al descubierto unas canas enmara√Īadas, h√ļmedas por el esfuerzo. Cuando alcanzaron la ladera suave, se detuvieron aliviados y por primera vez se miraron de frente. Andrea repar√≥ en la herida. Qu√© delicado, pens√≥ ella, hubiera sido sacar un fino pa√Īuelo de sat√©n y enjugar el cuello de su protector, pero tuvo que limitarse a volcar el resto de su cantimplora y apoyar una servilleta de papel hasta que dej√≥ de sangrar.  

 

Aquel primer contacto estableci√≥ un lazo de amistad entre los dos que se hizo m√°s firme cuando unas semanas m√°s tarde coincidieron de nuevo por azar en la reuni√≥n de una Cooperativa. Se hab√≠a hecho un descanso tras unas horas de debate y al salir al vest√≠bulo ambos se quedaron perplejos ante la presencia del otro. Andrea, m√°s decidida, se acerc√≥ a √©l. Sus ojos rastrearon el cuello de Pers√©vero y, en aquel entorno, poco apropiado para un escarceo amoroso, pos√≥ con ternura sus labios sobre la cicatriz. As√≠ ser√≠a en lo sucesivo su saludo. Nunca se elevar√≠an aquellos carnosos p√©talos hacia otro destino que no fuese su cuello;  s√≥lo en una ocasi√≥n trazar√≠an otro rumbo.

 

Al acabar la junta a mediod√≠a se dirigieron a tomar unos bocadillos a un bar  cercano. Cuando sal√≠an de aquella  finca en que se celebraban las reuniones, Pers√©vero repas√≥ con la mirada los familiares graffiti que adornaban las naves de enfrente, una multitud de firmas, la mayor√≠a ininteligibles, escritas con tintas muy diversas. Era curioso que aquellos j√≥venes necesitasen llenar la ciudad con el logotipo de su nombre. Quiz√°s respond√≠a a la cultura social del momento, una √©poca en que el ‚Äúyo‚ÄĚ hab√≠a tomado una dimensi√≥n excepcional. Reflexion√≥ si en √©pocas anteriores se hab√≠a concedido al ‚Äút√ļ‚ÄĚ m√°s espesor que ahora; aquellos tiempos en que las amas de casa enviaban a los peque√Īos a pedir a la vecina una taza de lentejas o un manojo de perejil. Ahora se dudaba si el vecino de al lado era veterinario o pocero.

 

Tras su entrada en el bar se relataron mutuamente las experiencias que les hab√≠an llevado a aquella Cooperativa. Ella era Arquitecto. Pers√©vero restauraba muebles antiguos. Andrea hab√≠a sido invitada el mes anterior por la Junta Rectora  para colaborar en el proyecto de su expansi√≥n urbana. El puesto de trabajo de √©l se hab√≠a amortizado con la crisis hac√≠a ya m√°s de dos a√Īos. Los primeros meses hab√≠a recibido prestaciones de desempleo, pero despu√©s, una cadena de acontecimientos le hab√≠an dejado temporalmente sin recursos y se hab√≠a decidido a crear con otras personas aquella Cooperativa. No hubo voluntarios que quisieran formar parte de la lista para Presidente, ya que supon√≠a un notable esfuerzo personal, sin ninguna recompensa material. Tampoco Pers√©vero hab√≠a accedido inicialmente a presentar su candidatura, pero m√°s adelante la voluntad de servir le hab√≠a impulsado a aceptar.

 

 Los dos coincid√≠an en que lo que hab√≠a desbordado los √°nimos hab√≠a sido aquel √ļltimo decreto del  Poder, sin ideas para hacer frente al paro y al gasto p√ļblico, como no fuera la nueva Ley para financiar la Sanidad, que dejaba sin asistencia m√©dica una serie de enfermedades. Andrea arremet√≠a con vehemencia contra aquella  disposici√≥n  que retiraba a los consumidores de tabaco el tratamiento en enfermedades del t√≥rax y se exasperaba todav√≠a m√°s cuando recordaba que s√≥lo recibir√≠an atenci√≥n ginecol√≥gica aquellas embarazadas por casos de violaci√≥n; el resto de mujeres quedaban excluidas, pues el decreto argumentaba que si hab√≠an consentido voluntariamente con su pareja la concepci√≥n de un beb√©, el resto de la sociedad no ten√≠a por qu√© pagar sus devaneos amorosos.  √Čl se llevaba a la boca en ese momento el panecillo y le respondi√≥ que un familiar cercano hab√≠a tenido que acudir a la medicina privada por una √ļlcera de est√≥mago, ya que en la p√ļblica le hab√≠an negado ayuda, pues se hab√≠an percatado de que exist√≠an antecedentes de gula en su expediente. La conversaci√≥n estaba tomando un derrotero que amenazaba con amargarles su frugal comida, por lo que casi al un√≠sono hicieron adem√°n de coger el chaquet√≥n y abandonaron el local.

 

Cada ma√Īana, Pers√©vero se dirig√≠a a impartir una clase en la Escuela de Artesan√≠a y despu√©s marchaba al taller de ebanister√≠a que hab√≠a iniciado, abrumado por las peque√Īas deudas contra√≠das. Daba ocupaci√≥n all√≠ a docena y media de personas que se encontraban en igual situaci√≥n, entre ellas una joven embarazada que para recibir asistencia m√©dica, de com√ļn acuerdo con su pareja,  hab√≠a presentado una denuncia por violaci√≥n. Los tribunales de justicia no hab√≠an tenido m√°s remedio que condenar a su amigo y √©ste aprovechaba el tiempo en la c√°rcel terminando su carrera de Abogado, con el est√≠mulo de recurrir su sentencia  tan pronto se licenciara.

 

Su celda se encontraba en el ala m√°s tranquila, pues la mayor√≠a de aquellos reclusos eran muy respetados, ya que estaban implicados en procesos por recalificar ilegalmente terrenos. Compart√≠a alojamiento con un ex-alcalde, que no ten√≠a sentimiento de culpa, pues se vanagloriaba de haber creado riqueza promoviendo cinco mil viviendas en su  poblaci√≥n serrana de ciento cincuenta y tres habitantes. Se jactaba de que de los ciento cincuenta y tres, s√≥lo √©l y su cu√Īado se hab√≠an enriquecido. Conservaba vanidosamente unas fotos a√©reas que mostraban la osamenta de aquella macro urbanizaci√≥n encaram√°ndose por las laderas del monte p√ļblico.

 

  El taller se hallaba camuflado en el cobertizo aleda√Īo a un gran patio de una finca de los arrabales.  Era espacioso, con las paredes blanqueadas. Cada herramienta ocupaba su sitio. En un extremo se hallaban apilados algunos tablones y los operarios se afanaban trabajando sobre unos bancos instalados en el centro. El aroma de la madera empapaba el aire. La escena suger√≠a un himno a la concordia. Unos lijaban, otros encolaban, otros barnizaban alg√ļn mueble ya ensamblado y listo. La joven embarazada llevaba las cuentas y atend√≠a llamadas y visitas en una habitaci√≥n contigua. Desencantados por la situaci√≥n, nadie pagaba impuestos. Pers√©vero hab√≠a mantenido una gran lucha consigo mismo antes de animar a sus colaboradores a seguir su ejemplo.

 

 De los ingresos que obten√≠an se deduc√≠a la cuota que hab√≠a de aportarse a la Cooperativa y el resto se repart√≠a seg√ļn hab√≠an estipulado. Con esos ingresos, la Cooperativa prove√≠a a cuantos afiliados necesitaban ayuda por no estar ocupados. Tambi√©n atend√≠a las peque√Īas obras de mantenimiento de aquellas manzanas de viviendas. A su vez participaba con otras Cooperativas contribuyendo con una cantidad a una Coordinadora de Distrito, que velaba por las necesidades de pavimentaci√≥n de calles, alumbrado, jardiner√≠a, recogida de residuos y cuantas obras y servicios requiriese la poblaci√≥n residente, incluidas la sanidad y  educaci√≥n.

 

Un fin de semana tras otro, Pers√©vero se trasladaba a las monta√Īas cercanas, unas veces solo, otras con el grupo del Distrito. En esas ocasiones coincid√≠a con Andrea, a la que se hab√≠a ido acostumbrando. La excursi√≥n no le resultaba completa si ella no estaba presente. En una de aquellas caminatas hab√≠a sabido por la muchacha que ten√≠a novio. Se llamaba Angeldor. Era un Economista de los buenos. Tambi√©n tocaba el clarinete en una orquesta con la que ensayaba muchos festivos y ella aprovechaba esas ocasiones para  practicar su deporte favorito.

 

Desde que conoc√≠a a Andrea no dejaba de pensar que si existiese alguna monta√Īa dorada que te acogiese despu√©s de este viaje,  deber√≠a haber una cierta armon√≠a en el trayecto. 

 

Al inicio de las excursiones en grupo sal√≠an todos andando en masa, a paso precipitado, pero al poco rato los √°nimos se calmaban y se divid√≠an en camarillas peque√Īas. Pers√©vero buscaba a Andrea y a ella le agradaba escuchar sus an√©cdotas. √Čl formaba parte de esa comunidad, cada vez m√°s reducida en n√ļmero, de personas poco agraciadas. Era feo, pero se sent√≠a a gusto de pertenecer a esa minor√≠a,  pues de no existir ellos como referencia, ninguna persona hermosa ser√≠a calificada como tal. Se trataba de un servicio m√°s a la sociedad, pues eran como unos voluntarios que no se hac√≠an ortodoncias ni cirug√≠a, fieles siempre a sus imperfecciones. Andrea le escrutaba el rostro a hurtadillas y no pod√≠a evitar que sus labios acabasen dibujando una sonrisa divertida.

 

La joven caminaba a buen paso, pero hab√≠a veces que en los senderos empinados perd√≠a el resuello. Su madre, con tendencia a la obesidad, hab√≠a fumado mucho en su juventud. Les dec√≠a a las amigas que los cigarrillos le disminu√≠an el apetito. Nunca se hab√≠a esforzado en quemar calor√≠as practicando alg√ļn deporte. Sin embargo, se hab√≠a afanado con denuedo en destruir alv√©olos pulmonares. Quiz√°s los sofocos espor√°dicos que Andrea sufr√≠a fuesen una herencia. 

 

Angeldor ocupaba un puesto de cierta relevancia en el Poder. Trabajaba en el Departamento de Econom√≠a, pero lo hab√≠a dejado temporalmente para dedicarse a la pol√≠tica. Estaba obsesionado con el orden y era un fiel devoto de las Leyes. Por ejemplo, no entend√≠a que se pudieran anteponer los problemas individuales a la obligaci√≥n de acudir puntualmente al trabajo. Temeroso de retrasarse por alg√ļn atasco, llegaba con antelaci√≥n al despacho, coincidiendo s√≥lo con el personal de limpieza, que acababa en aquellos minutos su jornada. Ajeno a los problemas esenciales, se esforzaba in√ļtilmente en conversar con ellos, pues era como si hablasen una lengua distinta. Los limpiadores se quejaban de que les hubiesen disminuido el sueldo con el argumento de la deflaci√≥n. No acertaban a comprender que la estad√≠stica mostrase una disminuci√≥n en los precios, cuando ellos hab√≠an notado una subida en gran parte de los art√≠culos que consum√≠an. √Čl intentaba convencerles de que aquella crisis era para favorecerles, que la crisis hab√≠a sido provocada para defenderles de la competencia de los pa√≠ses emergentes, que si no deten√≠an el incremento de los precios no podr√≠an rivalizar con esos estados y se producir√≠a el caos por la p√©rdida masiva de empleos y ellos ser√≠an los primeros en sufrir las consecuencias.

 

El joven economista no se veía con su novia a mediodía, pues siempre estaba comprometido a esas horas. No había una sola negociación que no se sellase con un banquete. Daba la impresión que el ramo de hostelería estaba sufriendo algo menos la crisis, pues cualquier reunión de empresa, de sindicato o de partido, había de saldarse con una comida en el restaurante de moda.

 

Andrea  intentaba contagiar su pasi√≥n por la monta√Īa a Angeldor. Aprovechando un festivo en  primavera en que √©ste no ten√≠a que ensayar, acudieron juntos a una excursi√≥n. La joven procur√≥ que su novio se sentase  en el autob√ļs junto a Pers√©vero. Una vez m√°s el deporte reun√≠a personas de la naturaleza m√°s dispar. √Čste √ļltimo sent√≠a hacia Angeldor una especie de fetichismo espiritual, como de veneraci√≥n hacia un ser superior, pero √©sta se fue desvaneciendo a medida que hablaban.

 

El novio de Andrea se extra√Īaba de que su interlocutor se hubiese resistido a ser Presidente de una Cooperativa, pues Angeldor conoc√≠a las ventajas de ostentar cualquier cargo por las sustanciosas prebendas que permite el tr√°fico de influencias. Pers√©vero le respond√≠a que en las elecciones en que √©l hab√≠a salido elegido, los votantes se decid√≠an hacia personas conocidas, con la esperanza de lograr el mejor gestor. Angeldor se sinti√≥ herido en su amor propio, al percibir la alusi√≥n directa de que su puesto en el Poder hab√≠a sido determinado por el voto hacia una lista cerrada, en que la mayor√≠a de los nombres que conten√≠a eran absolutos desconocidos para los votantes, que nunca podr√≠an palpar en carne y hueso.

 

En esos momentos el autob√ļs se deten√≠a en lo alto de un puerto y los excursionistas descendieron para recoger sus macutos de la bodega del veh√≠culo y calzarse las botas para iniciar la caminata. Pers√©vero alarg√≥ sus bastones de marcha e invit√≥ a la pareja a ponerse en camino. El sol comenzaba a asomar su disco y el horizonte se ti√Ī√≥ de oro viejo. Poco despu√©s unas nubes vacilantes dejaron escapar unas vetas azul turquesa. La traza celeste parec√≠a moverse indecisa.

 

No tard√≥ en reanudarse la conversaci√≥n. El terreno era amable y ondularon dos polaridades.  Angeldor defend√≠a la Ley.  Pers√©vero defend√≠a la Justicia.  Angeldor se interes√≥ en c√≥mo repart√≠a la Coordinadora sus recursos. Pers√©vero le contest√≥ que √©stos se distribu√≠an por igual entre los barrios, sin diferenciaci√≥n. No hab√≠a necesidad de dar m√°s a alg√ļn distrito para captar sus votos y seguir medrando, en detrimento del resto de los ciudadanos. Lo esgrimi√≥ de ejemplo de c√≥mo una ley pod√≠a ir en contra de la justicia.  Angeldor comenzaba a sentirse inc√≥modo por aquellas palabras y se defendi√≥ diciendo que las decisiones en el Poder siempre buscaban el beneficio de la sociedad y no los intereses del partido. Una estudiante joven les rebasaba en ese momento y no pudo evitar una carcajada al o√≠r aquella respuesta. Angeldor permaneci√≥ pensativo el resto de la excursi√≥n.

 

La calidad de vida que comenzaba a observarse en las barriadas administradas por las Cooperativas atrajo la atenci√≥n de cuantos habitaban en la gran ciudad y con el paso del tiempo hubo muchos que emularon la conducta de los cooperativistas. El Poder, con menos recursos cada d√≠a, no atend√≠a sus compromisos. Los dirigentes de aquellas dedocracias fallidas perd√≠an credibilidad. Comenz√≥ a palpitar la ilusi√≥n de que el √©xito de aquellos objetores trajese un profundo cambio en las instituciones.

 

Hacia el final del oto√Īo, Andrea y Pers√©vero salieron una vez m√°s en una excursi√≥n comunal. Se dirig√≠an hacia un monte que la leyenda proclamaba ser hogar de los dioses. Estaba defendido por una cresta rocosa que desde lejos parec√≠a invulnerable, pero ambos conoc√≠an el secreto para someterla. Se trataba de un canalizo en diagonal, cuyo extremo superior daba acceso a una chimenea con piedras inestables, que una vez superada permit√≠a alcanzar la cumbre con facilidad. Tras coronarla, al poco de sacar unas golosinas para reponer fuerzas, la nieve primeriza comenz√≥ a cubrir todos los rincones y hubieron de darse prisa en destrepar los tramos m√°s delicados antes de que la roca h√ļmeda impidiese la retirada.

 

Ya hab√≠an alcanzado el lomo desnudo de la monta√Īa cuando el viento comenz√≥ a arreciar y los finos cristales de hielo se acercaban en remolinos incrust√°ndose en la cara. √Čl dirig√≠a la marcha cuidando de volver por sus mismos pasos y Andrea trataba de escudarse detr√°s. Les rodeaba una niebla densa que proyectaba sombras enga√Īosas y la orientaci√≥n se hac√≠a muy dif√≠cil. El viento ganaba en intensidad.  No se apreciaba ning√ļn hito, ning√ļn accidente que permitiese identificar la vaguada correcta, pero hab√≠a que perder altura para protegerse de la tempestad. Era un signo de que los dioses hab√≠an considerado prematura la entrada en su morada, como si a√ļn reservasen una misi√≥n que cumplir.

 

 Descendieron durante mucho tiempo sin hallar una se√Īal familiar que identificase el terreno por el que se mov√≠an. El esfuerzo comenzaba a mermar las fuerzas de la muchacha y la nieve se iba acumulando haciendo a√ļn m√°s penosa la marcha.  A punto de anochecer,  pudo distinguir una roca en forma de visera, que pod√≠a ofrecer alg√ļn abrigo. Andrea se hallaba casi inconsciente. No hab√≠an salido preparados con equipo invernal, por lo que Pers√©vero se desembaraz√≥ de la chaqueta y la puso sobre la joven, acurruc√°ndola al fondo de la grieta, y √©l se sent√≥ a su lado, con las piernas en la mochila.

 

Las horas transcurr√≠an lentas en aquella posici√≥n, de cara a las negras siluetas que la nieve cubr√≠a sin pausa. Intentaba mantenerse despierto, moviendo los pies dentro de su macuto, pero el fr√≠o intenso iba entumeciendo sus miembros.  Poco a poco sus movimientos se hicieron m√°s lentos y una gran laxitud se fue apoderando de √©l. Al amanecer, una aureola misteriosa  se proyectaba sobre la roca sin encontrar respuesta. Poco despu√©s, un boyero que se dirig√≠a a rescatar su ganado les descubri√≥.

 

Al enterarse Angeldor, se dirigi√≥ esa ma√Īana  sin prisa hacia su despacho. Por primera vez se liberaba de la dictadura de las manillas del reloj. Se sent√≥ frente al ordenador y envi√≥ cartas por las que dimit√≠a de todos sus cargos. Seguidamente, sin una  mirada a su entorno, abandon√≥ el edificio y recogi√≥ a Andrea. Unidos del brazo se encaminaron a la Cooperativa, donde se ofreci√≥ como candidato para ocupar el puesto de Presidente.

 

Por la noche, en aquel patio poblado de latidos fuera de comp√°s, los tonos de un clarinete quebraron el silencio, ci√Ī√©ndose desvalidos al Laudate Dominum de Mozart. Desde una sala blanca, impregnada de esencias, se desgarr√≥ el tel√≥n lechoso de estrellas y una g√©lida corriente aneg√≥ las cuencas empa√Īadas.

 

 Una joven se destac√≥ de la multitud y templ√≥ la quemaz√≥n de sus labios apoy√°ndolos sobre aquellos que, arrebatados por el compromiso, yac√≠an inertes.

 

Aquel calor popular disolvió su soledad. Persévero acogió con gratitud aquella muestra de amor y tras extender los brazos descansó en paz.






Eduardo Mu√Īoz Garc√≠a


Nacido en Madrid en 1942. Es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Estudios Interculturales y Literarios por la misma universidad. Actualmente prepara un proyecto de tesis doctoral en la Facultad de Ciencias de la Información.



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