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Sabiduría griega y paradoja cristiana

A través de un delicioso recorrido por algunos de los más grandes autores de la literatura universal (de Homero, Esquilo o Sófocles a Dostoievski, Shakespeare, Dante o Racine), Charles Moeller contrapone en esta obra ya clásica la concepción griega y la cristiana respecto de los problemas universales del mal, el sufrimiento y la muerte. Más allá de la evidente continuidad de la tradición humanista entre mundo antiguo y mundo moderno, el gran estudioso belga destaca la novedad en la concepción de sí mismo y del mundo que inaugura el cristianismo.
«Si alguno de mis lectores hallase, aquí o allá, un minuto de fervor, si algún joven estudiante encontrase en este libro siquiera la sombra de su condición de bautizado, si algún incrédulo, en fin, se sintiera conmovido, impresionado, ante la belleza del Cristo de las Bienaventuranzas, me consideraría recompensado de mi esfuerzo. Uno solo me bastaría. Uno solo. Pues un solo hombre es todo un mundo: el mundo de la gracia y de la naturaleza que desea vivir y resplandecer en él».

COLECCIÓN: Ensayo
MATERIAS: Ensayos literarios, Literatura: historia y crítica, Cristianismo, Teología cristiana
PÁG: 272      TAMAÑO: 15 x 23 cm      PUBLICACIÓN: Sep 2008      ISBN: 978-84-7490-907-4
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Dicen del libro

Autor

Charles Moeller

Charles Moeller nació en Bruselas, Bélgica, el 18 de enero de 1912. A los 13 años, su hermano le llevó a una reunión ecuménica organizada por Lambert Baudouin, defensor de la unión de Iglesias. Esta reunión significará el origen de su futura pasión por el ecumenismo. Después de estudiar Humanidades Clásicas, se formó en el seminario de Malines y consagró mucho tiempo al estudio de los clásicos griegos, pero también al de los autores de su tiempo. Fue ordenado en 1937 y nombrado profesor en el Colegio de Sain-Pierre. Defensor de las humanidades tradicionales, que estimaba indispensables para la permanente transmisión de la herencia cultural, fue profesor de filosofía en Lovaina. Su valor como teólogo le valió participar en el Concilio Vaticano II. Nombrado subsecretario de la Congregación de la doctrina de la fe, se instaló en Roma. A finales de los años 60, el papa Pablo VI le llamó para dirigir el Instituto Ecuménico de Jerusalén, del que fue rector. Fue miembro de la Academia Francesa desde 1970 hasta 1986. Falleció en Bruselas el 3 de abril de 1986.

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