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El rostro del Resucitado

Grandeza profética, espiritual y doctrinal, pastoral y misionera del Vaticano II

«Una obra sólida sobre el Concilio y un estimulante de la vida cristiana». Con estas palabras describe Henri de Lubac El Rostro del Resucitado, volumen con el que Marie-Josep Le Guillou, perito en el Concilio Vaticano II y uno de los protagonistas de la teología católica de la segunda mitad del siglo XX, ofrece a los lectores «una especie de vade-mecum conciliar, un manual con las líneas fundamentales de Vaticano II». El Rostro del Resucitado, que permite reconocer la «contemplación del Rostro de Cristo suscitada por el Espíritu» como la «pulsación primordial del corazón quizá escondido pero infinitamente real y dinámico del Vaticano II», constituye un ejemplo paradigmático de la «hermenéutica la renovación y de la reforma dentro de la continuidad del único sujeto-Iglesia» solicitada por Benedicto XVI a cincuenta años de la apertura del último Concilio Ecuménico.

COLECCIÓN: Ensayo
MATERIA: Cristianismo
PÁG: 423      TAMAÑO: 15 x 23 cm      PUBLICACIÓN: Sep 2012      ISBN: 978-84-9920-153-5
disponible en ebook:El rostro del Resucitado en epub
 
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Dicen del libro

Autor

Marie-Joseph Le Guillou

Marie-Joseph Le Guillou o.p. (1920-1990) estudió con maestros como Congar, Chenu y Dumont en Le Saulchoir, donde fue profesor de Moral en las Facultades de Filosofía y Teología. Miembro del Centro Istina de París, por su experiencia en el ámbito ecuménico fue nombrado perito en el Concilio Vaticano II a partir del segundo período. Tras la clausura del concilio publicó El rostro del Resucitado (Encuentro 2012), una espléndida introducción teológica a la enseñanza del Vaticano. Fundador y primer director del Instituto de Estudios Ecuménicos del Institut Catholique de París, fue miembro de la Comisión Teológica Internacional y secretario de la Asamblea del Sínodo de los Obispos sobre el sacerdocio en 1971. Amigo de Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar y Joseph Ratzinger, para afrontar la crisis de los años setenta del siglo pasado propone la recuperación de la lectura hermenéutica de la tradición católica en volúmenes como El misterio del Padre (Encuentro 1998), El Inocente (Monte Carmelo 2005), y Los testigos están entre nosotros. En 1974, con 54 años, una grave enfermedad le impidió continuar establemente su trabajo académico, no así la predicación y la formación de seglares y religiosas. Murió el 25 de enero de 1990 en el Priorato de Béthanie de las Benedictinas del Sacré-Coeur de Montmartre (Blaru, Francia), donde se había retirado en 1979.

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